4 Diciembre 2008
La creatividad siempre tiene un fundamento encadenado a procesos creativos previos. Cada inventor debe hacer su reconocimiento a los otros que le precedieron y que no respondieron, porque no pudieron o no supieron, al déficit que este resuelve. Intelectualmente pasa algo parecido: la elaboración le debe mucho a un proceso anterior de sucesos mentales y de teorías establecidas. En los espacios de debate concreto se suscitan ideas que no son del todo expresadas o enunciados que no son continuados. El valor de una discusión con un interlocutor es que genera deseo formativo y creativo, el primero para suplir faltas de conocimiento y el segundo para defender más sosegadamente una posición teórica o un punto de vista nuevo naciente. Con alguien que no está de acuerdo contigo pero que se esmera en imponer su discusión contraes inevitablemente una deuda por su colaboración aunque esa no haya sido su intención. A fuerza de mantenerse en sus fijaciones y no solo no reconocer sino ni siquiera (re)considerar elementos que aportes a la discusión te hace pensar en tus fallas expositivos, en la disociación en alguno de tus eslabones argumentados. Sea como fuere el interlocutor aunque no sea un prosélito a convencer ni un objeto a neutralizar, tiene el valor objetivo de recordar en que tesis no caer además de reciclar datos importantes con los que te pueda enriquecer. Es difícil que una conversación, sea la que sea y con quien sea (eso incluye a lo que consideres lo peor de lo peor de este mundo) no deje un saldo interesante para posteriores creaciones. La ventaja de hablar (es decir de participar en las transacciones verbales de ideas, datos y maneras) es que te resitúa ante las verdades, es decir los niveles comprensivos que concurren en un momento dado. Lo interesante de una conversación no es ponerse de acuerdo en todo sino permitir una resituación recíproco. Es mejor eso que los posicionamientos estén a distancia y sin ninguna clase de relación, lo cual configura la mayor parte del constelograma humano. Es difícil participar de una discusión de lo teórico o de lo concreto con otros interlocutores con posiciones completamente diferentes a las mías y no verme impulsado a una reacción creativa. Tal clase de reacción la experimento in situ en el mismo momento de ese debate o, sin llegar a tanto, de una confrontación banal. Pero también puede ser el efecto directo a la lectura de una noticia o la atención a un documento audiovisual. El otro es un parámetro extenso que incluye sus diversas manifestaciones y formas de representación: desde el hablante directo con el que se comparte una reunión verbal disertativa a cualquiera de las variantes de otro envasado cuya voz, imagen, mensajes y referencias lo recibimos por ondas, en tiempo real o diferido, o en formas enlatadas reproducibles a voluntad.
El arte expresivo y la intelectualidad como discurso creativo, le deben muchísimo al conjunto de estímulos recibidos. Su conjunto sería divisible entre aquellos que son formativos de aquellos otros que son todo lo contrario y provocan la lucha teórica para desmentirlos. Producen cuotas de inspiración distintas.la inspiración no es una potestad exclusiva de las musas. Cualqueir factor no coadyuvante sino todo lo contrario también puede generar un deseo creativo. El enfrentamiento a lo adverso posiblemente genera más creatividad que la disertividad que solo encuentra aquiescencia. En aquella situación la argumentística ha de ser impecable, en esta otra la prédica ante convencido suele traer menor auto exigencia. Si además de verte envuelto por diferencias conceptuales con los demás te ves atacado por posiciones claramente injuriosas lejos de amilanarte esa circunstancia puede incrementar un plus de creatividad o al menos esa es la experiencia que he destilado en mi mismo y que he comprobado en personas que le deben mucho a sus reveses para avanzar en evolución y sabiduría.
Cada vez que alguien con quien he tenido tratos confidenciales, llegado un momento de la relación me ha dicho algo así como: somos muy diferentes, como si hubiera encontrado el quid de la cuestión, dando a entender que no tenemos el menor futuro juntos, lejos de enfrentarme a una pérdida en el sentido literal de una persona menos con la que contar, le he debido un interesante rato de reflexión conmigo mismo en el que creo haber avanzado un poco más en la elaboración teórica de la vida. Cada vez que alguien me ha diagnosticado con una u otra etiqueta a las que no me he sentido en modo alguno vinculado, tras el inmediato enfado (la clásica reacción autodefensivo-refleja no-creativa) he tendido a reponerme con una reacción más serena elaborando los detalles y en definitiva viéndome lanzado al texto creativo.
Posiblemente todo lo que queda de muchos contrincantes que vas conociendo en la vida y que son absolutamente pasajeros en un momento dado es el texto reactivo que te permitió generar tras la experiencia de haberlos tratado. Desde luego no todas las experiencias son deseables y en particular es mejor evitar la duplicidad de aquellas muy negativas por las que se ha pasado. Una vez se tiene un conocimiento posicionado y estable ante algo o alguien es mejor poner el punto final y dedicar la energia a otros asuntos de vida o artísticos, pero raramente una experiencia es exactamente igual a otra aunque la cita sea con las mismas coordenadas y la misma persona. La relación esencial con la vida es con aquello que de substancial tiene. Cuanto mas escapes de los estándares más individuado serás. Eso te convierte en único y grande lo cual hace de la vida un proceso riquísimo en matices personales en los que no tiene el menor interés la rivalidad o la competencia para superar a otro, basta con que uno se supere a sí mismo.
Debo reconocer que en un principio llevaba muy mal ser objeto de desagrado, desinterés, rechazo, crítica, injuria o ataque por otros. En cierto momento de mi proceso intelectual advertí que eso es lo mejor que le podía pasarle a un explorador de territorios (psicológicos y geográficos) como yo. Quien pone la mano en el fuego se quema y sin duda para saber el significado subjetivo de ese fuego que quema es poniéndola. No es posible participar de las experiencias sin implicarse a fondo y recibir una cierta damnificación por ello. Pensar que se puede ir por la vida a gusto de todos y no tropezar con nada ni nadie es fruto de una visión además de idealista poco practicable. Lejos de esto se producen confusiones y antagonismos. La condición de protagonista implicado en la vida lleva a la de antagonista también. Ni se cae bien en todas partes ni uno siempre consigue ser quien es realmente en todos los contextos. Sea por una mala autor representación de sí mismo o por una mala interpretación de los demás se enfrenta a dislocaciones o desconsideraciones y –en el peor de los casos- a falsedades y traiciones. La opción común para todo es su reelaboración, lo único que puede dotar de una dimensión comprensiva y una neutralización de los efectos emocionales dañinos. En resumen cada vez que encuentro una posición que dictamina de mi lo que no soy o que juzga de la vida lo que no es, lejos de hundirme me veo reaccionando con un plus de valor que no tenía antes acompañado por un plus de mi imaginario que contrae una deuda impagable con mi enemigo.
Nunca es tan grave la adversidad externa como las dificultades de sujeto para darle una autoridad que no tienen. En el campo de la oncología Haney, (1977) arguyó que la predisposición de la personalidad podía no estar directamente como factor determinante cancerígeno pero contribuiría como insultante somático. Si al ataque verbal o energético del tipo que sea de alguien se añade la auto desmovilización intelectual ante el mismo es posible que nos encontremos por resultado final un sujeto anulado. La alternativa es la lucha contra la incomprensión, es decir contra los agentes de ella. Eso tiene varios efectos: uno: incremento de la propia creatividad personal; dos, autoafirmación en una posición conceptual y en una ubicación física dentro del mundo y tres, neutralizar al ignorante cuyo mayor valor contributivo en el proceso ha sido atreverse manifestar su ignorancia.
servido por jesusricartmorera
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2 Diciembre 2008
Balneario
Asunto/Propuesta/Tema: Balneario Copropiedad y Convivencia
Koubri, monastere benedictine 2008 abril 22
Proyecto: copropiedad de una finca habitable para convertirla en centro de referencia cultural
¿A partir de qué edad uno piensa que es viejo, a partir de qué otra le toca reconocer que es físico-dependiente para enfrentar sus necesidades básicas?
Son dos preguntas distintas. La primera se puede sortear diciendo que eso es puro subjetivismo. Se tenga la edad que se tenga lo importante es como se siente uno de verdad. De acuerdo, la juventud no queda limitada al período biológico garantizado por la naturaleza en el que los músculos son jóvenes, los huesos lo aguantan todo y la fatiga parece imposible, es sobre todo una construcción mental. El criterio: rejuvenecimiento continuo con estímulos y una buena calidad de vida. Hace falta mucho tiempo para poder sentirse siempre joven, eso lo dice la gente longeva que no tiene motivos de queja de su organismo y su espíritu siempre es de talante optimista.
La segunda pregunta nos deja sin posibilidad de escapada. Hay que reconocer los hechos objetivos que son paralizantes: tal órgano ha dejado de funcionar, tal dolor es incapacitante, tales o cuales cosas ya no se pueden hacer, el esfuerzo es limitado o el agotamiento para unas mismas cosas sobreviene antes. Oí a alguien decir que la vejez se puede medir por el número de veces que uno tiene que levantarse durante la noche para ir al cuarto de baño. El cuerpo es el escenario en el que más se retrata la filosofía del límite. Lo más paradójico para la senilidad es que mientras el cuerpo se deteriora la conciencia mental puede ir incluso a más en algunas ocasiones.
Sabemos que cuando la gente mayor es almacenada en un tipo de residencias donde predomina un falso paternalismo que trata a su clientela como seres vegetativos o muebles, esa actitud les precipita la muerte. (La gran paradoja de estos establecimientos es que a menudo la categoría intelectual y digna de los ancianos supera las prisas y las motivaciones exclusivamente salariales de los empleados. Es una reunión de desencuentros entre la elegancia y la fuerza). Para muchos de sus residentes, sus hijos no pueden, o dicen no poder, tenerlos en casa puesto que tienen que seguir con su trabajo y si los dejan solos pueden hacerse daño, de otra parte el anciano deviene una figura sobrante en todas partes y donde más se notan es en sus contextos familiares. No es extraño que muchos ancianos prefieran vivir solos mientras puedan, antes de ponerse al cargo de sus hijos o de ir a residencias despersonalizadas.
Hay una tercera opción: autogestionar esta perspectiva a quienes tenemos en puertas la vejez.
Las manchas se extienden como nuevas marcas en la piel, la perdida de visión y algunos lapsus aumentan en medio de otros déficits físicos que van condicionando la personalidad. Bernard Shaw la vejez tenia dos ventajas: dejaban de dolerte las muelas y dejabas de escuchar las tonterías que se decían a tu alrededor. La vejez no tiene porque ser el acabose. Si nos hemos pasado casi toda la vida supliendo nuestros déficits con nuestro poder imaginario ¿Por qué tiene que ser distinto en los últimos años existenciales?
Las visitas a residencias son experiencias frustrantes: son aparcaderos para morir. Ninguna comunicación a pesar de todas las atenciones que puedan estar garantizadas dentro de una absoluta escisión entre el personal que cuida y el que es cuidado. Hay una famosa película en la que una anciana que no tiene quien la visite pero que cuenta el relato de su vida a una visitante que va a ver a su pariente (la actriz de Bagdad Café. Tal vez la película a la que me refiero fuera Tomates Verdes Fritos) decide ya muy anciana abandonar el centro para ir a morir sola a su antiguo pueblo. La visitante la localiza y se la lleva a casa para, con su marido, ocuparse de ella.
Es una película, superbonita y superemotiva, que no tiene correlato en al vida real. En mi niñez recuerdo que el ayuntamiento organizaba el día del anciano y las chicas jóvenes de la localidad se emparejaban con los más viejos. La cosa no pasaba de dar un paseo cogidos por el brazo y tal vez de un baile, no tengo noticia de otros juegos mayores, pero daba el talante de un humanismo totalmente perdido en nuestras latitudes actuales.
Los que estamos apuntados para ser la próxima remesa de viejos no tendremos la suerte de encontrar desconocidos que se hagan cargo de nuestros huesos andantes ni eso tampoco tiene porque ser nuestro deseo, como tampoco nos entra la idea de hacer de fardos al cargo de nuestros hijos. Bastante harán si se ocupan de gestionar nuestras últimas voluntades y no maltratan las cosas que dejemos a su cargo.
Cuando éramos chicos/as de la utopía y del romanticismo no pensábamos demasiado en que algún día nos haríamos ancianos. Eso no quedaba dentro del cálculo de nuestras matemáticas entusiastas. La modernidad y occidente, incluso dentro de un modelo capitalista caracterizado por la especulación y por la persecución de los beneficios, han preparado nuestra longevidad. La gente tiene una esperanza de vida mayor pero también una probabilística mayor de sufrir crisis incapacitantes. Las advertencias de inmunólogos y especialistas médicos sobre estadísticas de fatalidad nos dejan patidifusos (uno de cada cuatro personas que lea esto sufrirá un cáncer). Para nuestro punto de vista todo ser humano es un tipo deficitario en potencia, la cuestión es saber de qué, cómo y cuando pero las causas están dadas. Muchas patologías que antes no alcanzaban a los ancianos (un anciano lo era a los 60 años o incluso desde los cincuenta) en la actualidad sí nos van a alcanzar por razones de tener mas perspectiva temporal dando la tabarra sobre la capa de la tierra.
Lo ideal es una larga vida con plena consciencia de ella hasta el día de la última expiración sin necesidad de morfinas u otros atenuantes. Dadas las variables que nos esperan y la comprobación estadística de la creciente mortandad a partir de unas edades, nadie se hace ilusiones sobre su eternidad corpórea, y la otra, de haberla, pasa a ser la elección delirante o no de cada cual en la que no cabe objeción rentable alguna.
Las variables acerca del dolor y la decrepitud –sobre todo ésta- posibles hicieron recomendar a los románticos no vivir demasiado más allá de los cuarenta. Para la época de lord Byron quizás esto parecía una edad tope recomendable pero para la nuestra en que la gente empieza a emanciparse a partir de los 30 y necesita otros 30 viviendo una vida hipotecada para pagar sus propiedades, los cuarenta no es más que una cifra menor. Los que hemos pasado de lo cincuenta sabemos que hay experiencias tardías que han podido superar tanto en placeres, como en disposición de libertad, como en recursos, como en inteligencia a las experiencias de las décadas más juveniles, ciertamente más energéticas pero también más cargadas de tonterías y con mas conductas un tanto idiotas tiradas a fondo perdido.
En algún tiempo en que no creímos en la propiedad privada y que nos afanamos por compartirlo todo hablamos sobre Comunas o teorizamos sobre propiedad colectiva. Nos dábamos besos en la boca como saludo entre desconocidos y creamos un simulacro de compartirlo todo. El amor libre nunca fue una verdad tan íntegra pero dejamos que nuestra imaginación diera vueltas al tema durante largas temporadas, en particular mientras nuestras libidos no paraban quietas y no aparecía nadie en el horizonte como la alternativa de pareja convivencial. Aquel tiempo dejó algunas experiencias prácticas comuneras en las que la propiedad la ponía otro (en casas ocupadas) y una noción algo triste de las dificultades de superar la propiedad privada.
Fuimos viviendo con talantes progresistas, sí, pero influidos por las leyes del mercado, que nos fueron convirtiendo lenta pero tenazmente en algo que nos resistíamos pero que nos ha configurado finalmente: la de ser propietarios de nuestros lugares de vida y la de compartir la residencia en ciudades desde la mutua y densa vigilancia vecinal,
La vida urbana nos ha circunscrito a menudo en pequeños habitáculos que llamamos casas y el espacio que no encontramos en ellos lo buscamos fuera con los equipamientos urbanos que los ayuntamientos modernos crean o frecuentamos más durante nuestros periodos de viajes.
Ante la perspectiva no tan lejana de un retiro, para llamarlo de alguna manera, pensamos en extender la idea, que ya teníamos, de buscar una casa con terreno suficiente a otras personas de inquietudes y sensibilidad similares donde ubicar nuestra última etapa existencial.
Buscar un lugar a compartir con mas personas, parejas o no, puede permitir mas recursos que hacerlo solos. No, nos planteamos las grandes proezas del amor libre o de la copropiedad absoluta en todo. Ambas pretensiones ya han sido suficientemente arrinconadas por los egoísmos dominantes de nuestra especie. Además, nuestros intereses pasan mas por el goce de la conversación elegante, la comida exquisita, la tranquilidad, la música, la pintura, la literatura y la escritura que no por territorializar cuerpos o pertenencias ajenas. En cuanto a la propiedad, cada cual puede tener la que quiera fuera de este proyecto si sus anclas con lo material le siguen pudiendo, o su potencial económico es mayor; basta ponerse de acuerdo en la propiedad compartida.
Imaginamos un posible terreno suficientemente grande como para perderse dentro de sus lindes pero suficientemente pequeño como para que quede bajo el control del grupo, con dos tipos de construcciones: las comunales y las privadas. Bungalows, Paillotes, Cúpulas geodésicas, pirámides, cabañas, containers,..cualquier modalidad puede valer con tal de que asegure el confort y la privacía. Y de otra parte salones de encuentro: biblioteca, comedor, sala de conciertos, solárium, invernaderos, piscina, sauna, gimnasium, espacios de relax.
En fin si no el paraíso sí algo con trazas de balneario a escala de consumidor exigente. Evidentemente es posible. Faltan dos cosas: gente con capacidad para asumir un acuerdo y medios económicos. Es necesaria la empatía y una cierta resonancia mutua en el contacto pero no entraremos en la caracterización de un tipo de perfil personal. Hemos aprendido que en todas las aéreas humanas, en todas las ideologías, en todas las actividades hay personalidades de todas clases. Hemos encontrado la gente más indigna entre los más revolucionarios y gente muy digna entre los no-revolucionarios y también psicologías muy tramposas en los proyectos más alternativos y otras más honestas en el campo conservador. Y al revés. No es hasta que tienes una persona transparentándose que puedes pensar en si habrá o no entente para una convivencia de este tipo, que como queda dicho no es absoluta. La definición a priori de los yo soy…sirven de bien poco. En todo caso si hay un tipo de exigencias mínimas de ética personal y de respeto ajeno. Sí pensamos en un tipo de socios/compañeros/as de ruta que hayan trabajado su integridad y su reeducación naturista de la vida, sin adicciones a tabaco y a otras drogas.
Un tiempo atrás insertamos un anuncio de muy poca difusión que tuvo una pequeña resonancia con gente que nos llamó interesados en esta idea. La idea es buena, otro asunto es si tendremos energia para llevarla a término. Experiencias previas con proyectos previos de otra naturaleza nos aconsejan de tomar contacto con gente segura de lo que quiere y que coincida con nosotros en esta perspectiva común de buscar un lugar compartido que satisfaga el deseo estético, espacial y de salud que pensemos además de preservarlo como oasis de paz y con una función recreativo-cultural tras nuestro fallecimiento. No seamos melodramáticos pero la muerte la tenemos asegurada, de la reencarnación no hablemos, en todo caso no es segura ni contamos con ella. Morir se ha convertido últimamente en un problema burocrático. ¿Qué hacer con los bienes de uno? Tus herederos, con los que a veces, paradójicamente, llevas tiempo sin contactar, se ponen en fila india para reclamar lo que llamarán sus derechos. Tenemos otra idea de lo que puede ser la herencia si un tipo de materiales que no interesan a nadie, tampoco a nuestros hijos, tales como nuestros fondos bibliotecarios, pueden servir como materiales de uso público. El balneario podría perpetuarse como tal tras nuestra muerte como recurso publico donado al poder local de su ubicación de tal modo que ningún socio, ni herederos, pudiera especular sobre su reconversión en otro asunto que no fuera el que hubiéramos previsto como cooperativa.
También tenemos otra idea de la ancianidad. Los europeos ven a los viejos como estorbos, otras culturas nativas no corrompidas por los símbolos del euro o del dólar los ven como personas a venerar, casi sabios. Déjame soñar: las residencias de tercera edad deberían llamarse las casas de los sabios en lugar de aquella otra denominación tan institucional. Sabios o no queremos compañeros de espacio no devastados mentalmente por sus achaques. Santiago Russinyol decía que hay gente que si no pudiera hablar de sus enfermedades no las tendría.
No imagino que dentro de 30 o 50 años si los vivimos tengamos más respuestas fundamentales de la vida de las que tenemos ahora. No infiero que un anciano se levante y diga un día: zas, se me ha revelado la verdad y el sentido de todo. El poco o mucho sentido con el que nos hayamos dotado en nuestras biografías hasta la edad madura es el que tendremos cuando nuestros huesos chirrien, la piel se apergamine, las arterias se hagan duras, el tejido muscular mengue, nuestros oídos se escacharren y nuestro andar resulte vacilante. La vida no tiene menos sentido por tener el punto y final más próximo y tiene mas sentido por tenerlo mas demorado. Vivimos para hacernos una clase de preguntas cruciales que no podremos responder nunca. Eso no quita que hagamos otras cosas que sean dignas de bon vivants y que nos permitan los placeres posibles manteniéndonos en activo física y, sobre todo, intelectualmente hasta el último día de vivientes. Eso es posible con otro concepto de ancianidad: no la de retiro en el sentido de autoexclusión sino en la de actividad.
A diferencia de otros proyectos juveniles en los que la cuestión principal es del qué vivir, un proyecto de balneario-residencial con personas jubiladas o prejubiladas cuenta ya con unos ingresos o pensiones aseguradas. Sin embargo para la máxima calidad de vida pensamos en un proyecto organizado tanto en un espacio natural de fábula como con personas contratadas para que hagan lso trabajos que los residentes no pudiéramos o no nos apeteciera hacer (fisioterapia, limpieza, cocina, huerta, jardinería, mantenimiento,…).
Si te queda un resto de utopía en el fondo de tu corazón y esta idea a grosso modo te parece de interés podemos enviarte el proyecto más desarrollado.
servido por jesusricartmorera
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2 Diciembre 2008
En el Aislamiento la noción del tiempo varía completamente. No es necesario el reloj para consultar la hora ni cumplir con ningún horario obligatorio en cuanto a ritos programados por otros del tipo que sean: los de las plegarias o las de las comidas. Los pájaros y los rayos te informan del momento del día y tus necesidades corporales también. Es lo más parecido a la praxis del eremita reconcentrado con sus meditaciones dejándose llevar por la secuencia de sus necesidades más intimas y espirituales. El mundo queda fuera literalmente, no tanto por la distancia geográfica como por ubicarse en un espacio donde no se da la coincidencia con el otro. El eremita puede pasar días o meses en estado de beatitud total tratando de conectar con el intríngulis del cosmos o simplemente dejándose serenar por los ritmos naturales del bosque y de sus sonidos y mensajes.
Actualmente las experiencias de aislamiento completo son difíciles. Algunas voces y ruidos motorizados lejanos pueden venir a interrumpir la soledad. De otra parte la soledad trae muchas dudas acerca de la seguridad contigo mismo, los peligros de la noche, la transformación de las formas de las cosas, de los árboles.
El autoaislamiento debería ser una medida profiláctica para todo el mundo cuando su carga de tensión y sus agobios problemáticos convierten a una persona en una bomba de relojería que estalla sin saber porque ni contra quien ni cuando. Los monasterios tienen un sitio de hermitage y toda comunidad adecuadamente organizada y recursiva debería tener un espacio de autoaislamiento al que ir por iniciativa propia cuando una persona necesitara reposar mental y físicamente tomando distancia tanto de sus obligaciones como de los demás pero también de su o sus roles en relación con el otro.
El aislamiento cambia los parámetros habituales de la ciudad, pero también del ajetreo verbal. El espacio colectivo suele imponer en un decreto no escrito la comunicación continua. La gente inhibida o no necesita esconderse en medio del barullo verbal. Las razones para un retiro de vez en cuando en el que predomine el paseo como zen y otros espacios del día como espacios de recogimiento no tienen porque ser extraordinarias. Basta adoptarlo como un criterio personal y como episodio regular una vez cada año o en cada periodo que se determine. Es una buena oportunidad para practicar el ayuno y hacer una limpieza por dentro del organismo.
Lo ideal del aislamiento es hacerlo en la más estricta soledad. Cualquier otra persona asi como mensajes externos pueden distraerlo. Lo cierto es que el aislamiento absoluto no existe. Deberían pasar muchos años antes de que un eremita perdiera todo vinculo con el mundo del afuera puesto que éste está presente continuamente en forma de recuerdos y lecturas. El afuera irremediablemente lo trae cada cual consigo mismo. El mayor realismo en este punto permitirá una mejor cura con la distancia conseguida. Cura de ruidos y estrés no solo en el sentido literal escénico sino también en el interno: aquietamiento mental e imaginativo.
La vida es tiempo y sin embargo los ritmos inerciales llevan a no encontrar tiempo para gozar del tiempo. Un retiro es esto. No hacer nada para percibir el paso de todo. Tampoco es cierto. Cuando suspendes las actividades diarias adviertes que tienes una compleja y larga lista de asuntos pendientes metidos entre neurona y neurona que no terminan de ser resueltos. No hacer el cuadro habitual mecánico diario también es una manera de hacer mucho. En el aislamiento se piensa de una manera mas ordenada y se medita de una forma practica sin pretender ninguna trascendencia en particular ni esperando que una columna de destellos venga y te diga que es el arcángel tal y te ha elegido para meterte en el vientre a no se que nuevo redentor.
Me gustaría compartir mis retiros con una persona entrenada o no en esa clase de experiencia. El esquema seria de una forma particular. Durante el día actividades separadas. Durante la noche reunión en torno al fuego, a la conversación y a la concentración acompañada. Herteroreflexión sobre la misma experiencia solitaria y las formas meditacionales. Es el momento en que las palabras pueden ser también las caricias y las manos hacer que nos sintamos más acompañados dentro de la inmensidad del universo. Los encuentros de soledad con el uno mismo lejos de perder el tiempo lo multiplican considerablemente. Víctor Hugo sostenía que a pesar de lo corta que era de por si la vida ésta todavía lo era mas al hacer un uso insensato del tiempo desperdiciándolo. A veces mucha invasión del otro, de los demás, dentro de nuestras agendas nos quita el tiempo que necesitamos para hacer altos y saber por donde sigue nuestra vida. La mayor libertad es la de no tener ninguna obligación con nadie ni la de seguir ningún protocolo. Aunque Plutarco dijo que la verdadera libertad pasaba por sujetarse a las leyes de la Razón. El razonamiento aplicado es el que reconoce los límites actuales pero también sabe reconocer la extinción de los límites antiguos. Las leyes de la naturaleza y de los procesos tampoco son algo definitivamente estático e imperecedero. Justamente la meditación trata de añadir la espiritualidad que le falta a la Razón.
Se puede vivir solo y pasar largas temporadas de meditación y reflexiones, reduciendo las actividades de sostenimiento físico al mínimo aunque también se puede elegir de tarde en tarde el espacio idóneo donde hacerlo y compartirlo con quien también necesite ese compromiso para llevarlo a término.
Si el aislamiento individual activa partes de la conciencia adormecidas, el aislamiento acompañado no solo no tiene porque dejarlas de activar sino que además puede funcionar como apoyo mutuo para ratos de ansiedad inesperada.
servido por jesusricartmorera
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2 Diciembre 2008
Hay gente que ha empezado a ser tratada psicológicamente por una de las nuevas adicciones: la de internet, y más exactamente la de los chats. Un chat te permite hablar con un/a desconocido/a por intervalo de horas y durante muchas coincidencias para repasar intereses mutuos y explorar las mutuas disposiciones sentimentales y sensuales. Es una conversación directa e instantánea que puede permitir hablar de verdades divinas y humanas sin que la inhibición ordinaria del contacto oral y presencial impida las preguntas más personales. Algunos servidores que vienen articulando los salones de chat pueden dar cuenta de las miles de conversaciones que `pueden estar cruzándose en paralelo. Su producción es tan inmensa que hoy en día cualquier estudio que se precie dedicado a indagar los tipos de comunicación humana debe tener en cuenta esta clase.
Suele predominar la frase corta y el sondeo del perfil socio-profesional de cada cual. Por lo general las conversaciones son heterosexuales y tan pronto un nick se equivoca con otro del mismo sexo ambos se despiden cortésmente para no perder el tiempo en la búsqueda de una pareja virtual hetero a no ser de que su objetivo fuera la de encontrar una del mismo sexo,
Un amivir o un amavir, un amante virtual o un amigo virtual parece ser el reto de todo aquel que quiere intimar por chat. La fantástica facilidad de este instrumento permite saludar y hablar con bastantes personas y decir bastantes mas cosas que en el supuesto de encontrarse con las mismas en un pub o en un espacio presencial de coincidencia. La práctica del chat permite, despues de unas cuantas tentativas, una conversación y una serie de ellas con la misma persona o nick. El estilo dominante de habla son entradas de frases muy cortas, a veces de una sola palabra. Quien escribe al otro lado siempre tiene la duda de si es leído y a cada dos o tres entradas necesita preguntar si le estas leyendo. De no contestar de inmediato puede enfadarse y dar por terminada la conversación y desaparecer. La inmensa mayoría de tiempo dedicado al chat es para encontrar un buen interlocutor con el que crear una conversación que complazca suficientemente a las dos partes.
Me pregunto si existe alguien capaz de tener una conversación por chat con temas de fondo. Despues de cientos de contactos he comprobado, para mi perplejidad, que hay muy poca gente capaz de desarrollar una idea entera con párrafos completos. Ese solo hecho formal exige una cierta rapidez en la escritura y la convicción por parte de quien escribe que lo que dice es suficientemente interesante para que de la otra parte se ponga la paciencia en esperarlo y leerlo.
Tener una lista de amistades virtuales que pudiera permitir esta clase de conversaciones seria lo ideal, indistintamente de cada contacto saltara o no al campo presencial. Algunos con mucha distancia geográfica posiblemente estarían condenados a no darlo nunca. Por otra parte el contacto humano en la actualidad internáutica ya no tiene porque pasar a la cita presencial, visual o táctil. El chat permite ver la cara del otro por la pantalla con la webcam e incluso practicar cibersex si esa es la urgencia o el propósito de ambas partes y ver otras partes y gestos de su cuerpo. Al margen de esto la oportunidad para una nueva literatura creciente se hace esperar por los tics presentes en lso actos comunicativos. Despues de las presentaciones de los cuadros personales respectivos puede haber por delante la posibilidad de hablar de temas cruciales o pasarse informaciones de interés recíproco. La pasión verbal del otro, cuando encuentras a ese otro realmente apasionado en lo que habla, da lugar a un tipo de texto distinto: una literatura oral, liquida, espontanea. Lamentablemente las innumerables entradas la rompen y cualquier intento de convertirlo en un texto rápido legible lo convierte en un duro esfuerzo. Tengo cientos de conversaciones grabadas que esperan a una depuración de este tipo, trabajo en el que no me decido meterme por la cantidad de horas que supone hacerlo.
Preferiría un/a conversante al otro lado dispuesto/a a crear una conversación compartida con el propósito de convertirla en libro. Lo curioso de la praxis de chat es que se puede estar permanentemente iniciando temas sin pretender llegar a ningún sitio. No tienen más valor que los hola-que tal que sondean la superficie ajena de coincidencias diarias o frecuentes en bares o lugares de reunión en la plaza. Hay una diferencia económica, en estos las coincidencias suelen ir acompañadas de consumos y de su ticket de pago, en lso chats no hace falta invitar ni que te inviten. Tengo la sensación de haber iniciado muchas conversaciones sin que hayan servido de gran cosa aunque sí me han provisto de un anecdotario considerable. Por poco que sea alguien, detrás de un nick siempre hay un caudal anecdótico. Quizás la persona nunca llega a ser conocida pero lo que diga puede pasar a formar parte del inventario anecdótico. Hay lo que hay, en su lugar preferiría conversaciones importantes con interlocutores dispuestos a llevarlas hasta el final. Winston Churchill dijo que una buena conversación debía agotar al tema pero no a los interlocutores. Por lo que he podido entender los interlocutores de chat en su mayor parte se agotan antes de desarrollar completamente un primer tema. Es posible que haya un cierto terror a incurrir en contradicciones evidentes. Hablar es imposible mordiéndose la lengua y no hacerlo puede llevar a afirmaciones contradictorias. Walt Witman respondiendo tal vez a posibles criticas por contradictorio dijo “¿me contradigo?/Muy bien entonces me contradigo/(soy enorme, contengo multitudes)”. No sé si algún día tendré tiempo y ganas de convertir en libros las grabaciones que conservo por chat, lo que si se es que el chat permite una literatura que no la proporciona ni siquiera una relación epistolaria. En el chat es tan posible el debate virtual de temas de altos vuelos como, sobre todo, la confidencialidad de las necesidades personales, generalmente algo estandarizado. La gente suele hacer mas apología de lo que siente, como si la sentimentalidad fuera la primera instancia existencial, más que lo que piensa, para la cual vierte ilimitadas justificaciones de lo duro que eso representa. Creo que hablar y escribir y conversar pasa por los dos campos de expresión: el sentimental y el analítico, aunque en realidad no es posible el primero sin el segundo ni el segundo sin el primero. “La vida es una tragedia para los que sienten y una comedia para los que piensan” dijo Jean de la Bruyère. Creo que al conversar nos toca pensar y al pensar nos toca evaluar los posibles impactos sentimentales de nuestros actos verbales.
En estos momentos en el mundo debe haber millones de chateros sondeándose mutuamente y tratando de pasar a la cita presencial o a la construcción de una relación solida que tenga futuro. Yo me daría por contento encontrar a alguien con quien hablar largo y tendido en el sentido literal de la expresión para repasarlo un poco todo y repasarnos a nosotros como interlocutores dentro de ese todo.Repasar el texto mientras se fuera escribiendo estoy convencido que seria un edxtraordianrio ejercicio de autocorrección mutua a partir de la conciencia respectiva que proporcionara además de dejar un saldo concreto en forma de libro hecho por una doble autoría.
servido por jesusricartmorera
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2 Diciembre 2008
Uno de los indicadores culturales por excelencia queda consumado incentivado con Gutenberg y prevalece en nuestros días. la del texto impreso y la capacidad de reproductibilidad asociada, tantas veces cuantas lectores estén interesados en leerlo. El texto ha tenido (todavía tiene) un peso histórico circunstancial. De siglos, pero no ha estado suficientemente presente antes de la imprenta, ni tendrá la importancia que tuvo en la era cibernáutica. El texto con todo el placer sensorial y su cantera orgiástica en lo cognitivo que haya podido suponer y siga suponiendo tiene los días (aunque pueda tratarse de unas centurias) contados para dar paso a otras formas cognoscentes y a otras vías sensorial-intelectivas para el placer. Defender tal presuposición puede convertir al defensor en reo de sospechas sobre la deslectura. Nada más lejos de tal condición. En contrapartida, el lector en activo pertrechado de bibliotecas y de volúmenes entreabiertos sobre las catifas es reo de su contexto ancestral en un momento cuya tecnología no le permite el romance de las campanadas del big ben cercano o de cualquier otra evocación de musa sonora. la multiculturalidad del lector le lleva necesariamente a ser una colección de otros en él, convirtiéndose en un internauta, un comunicador, un creador de lo imaginario, y tal vez en un futuro, a candidato de telépata. Sin embargo hay otra clase de multiculturalidad que se opone a la anticonformista de los propios límites. Jorge Larrosa sugiere que los discursos multiculturales lo están para no inquietar lo propio estableciendo una confrontabilidad con lo extranjero. Sin llegar al fondo de que en tal interacción lo propio también es lo extraño. En su texto sobre la experiencia de la lectura deja en entredicho la posibilidad de goces equivalentes para quienes se mantienen al margen de la lectura y no resuelve el hecho de q. la cultura escrita no deja de ser una parte, comparativamente menor desde parámetros de cantidades temporales, q la cultura oral, y que aquella conocida en su soporte clásico (sobre papel)puede desaparecer, sin que por ello desaparezcan los placeres asociados a otras vías de conocimiento que no pasen por lecturas clásicas.
En su artículo sobre la lección hay un maravilloso desentrañamiento de los contenidos encerrados en las palabras y una demostración de como estas dicen lo contrario a las frases en las que vienen ordenadas, tanto por lapsus en el uso semántico como por su constitución etimológica. Hace una verdadera vivisección de palabras para otorgarles una amplitud de medida y de acepción. E insiste en el texto como algo que nunca termina. No obstante hay una biunivocidad implícita detectada en todo momento entre texto y su soporte clásico de expresión, sin cuestionar que todo texto es una modalidad del discurso y que puede ser aleatorio el hecho de que lo sea escrito o hablado. Dentro de lo no dicho y siguiendo la fórmula de piratear lo que pudiendo estar no está hay un temor inconsciente a la desaparición del texto concebido como tal (en su modalidad de volumen reunidor de palabras) frente a las nuevas instrumentaciones de los tecnomedios de comunicación y transmisión de la palabra. El aferramento al texto escrito como lugar de lectura individualizada e íntimamente experimentada no tiene pq desaparecer con la desaparición de sus modelos dominantes de circulación de lo escrito. ¿Que pasaría/rá en un mundo ultrasofisticado a niveles de redes de información en que las librerías y las bibliotecas hayan desaparecido pq las nuevas condiciones de comunicabilidad permitan su extinción? incluso yendo más allá en la especulación ficciosa ¿que pasaría/rá en un contexto de humanidad evolucionada en que -siguiendo ortodoxias en la ciencia ficción- no precise de la palabra hablada ni escrita para comunicar el pensamiento? ¿significaría en ese caso extremo que desaparecería la transmisión de la experiencia, o habría imposibilidad en su colectivización? ¿desaparecerían las putas de la pasión y del goce en las entrada de los equivalentes de la cultura impresa? No tenemos elementos para contestar negativamente.
Para lo que sí esta bastante preparada Occidente es para innovaciones tecnológicas e innovaciones de conductas sociales en todos los ámbitos. Los estudiantes dejarán de llevar libros en trasiegos de un sitio para otra y las voluminosas y extensas bibliotecas de los intelectuales darán paso a archivos electrónicos que comprimirán en poco espacio toneladas de papel impreso. ¿significará ello, la pérdida de la conexión con la cultura sígnica? Evidentemente no tiene porqué suponerlo. La última instancia de cada libro no es su última página o su última palabra anexada, sino que esta debería acabar sin un punto final y dejar abierto el enlace para otros discursos en otras partes. El texto es una proposición permanente para un discursos inacabable por lo tanto” el libro no termia sino que indetermina”. A diferencia de los textos clásicos que terminaban convencionalmente con la palabra fin, ésta ha ido siendo erradicada como la palabra de un final que en realidad no lo representa porque no hay un final propiamente establecido.
Pero el texto en todo momento es representado por su representación escrita, como algo a re-crear, despedazar, rehacer, in-citar y ex-citar sin caer en la cuenta que esa preponderancia propia de los s XIX y XX pero apuntada desde centurias anteriores, no tiene porque prevalecer a lo largo de todo el próximo milenio. El texto tal como es concebido puede desaparecer pero el discurso no. si hubo una época en que fue satanizado por ser foco contra la ignorancia e instrumento contra los poderosos, no está exento de peligro su fetichización como objeto sagrado en la parte nobilísima de las actividades humanas. Una situación híbrida como la descrita en Farhenheit 451 en la q no hay textos escritos porque han sido quemados pero sin embargo hay personas-libro encargadas de memorizar cada una, uno a la perfección, que luego transmitirá a otra para que lo memorice, en ese contexto ¿de que clase de cultura se está hablando? ¿desaparece la transmisión del saber porque hubiera una liquidación textual de los textos e incluso una pérdida de herramientas didácticas para mantener vivo su aprendizaje entre tanto que la palabra escrita fuera sistemáticamente negada? evidentemente no habría desaparecido y se habría dado una vuelta a la cultura oral como predominante con bastantes connotaciones con la oral clásica con transmisión de leyendas contadas sino exactamente igual sí manteniendo un respecto a su mensaje troncal, las leyendas q pueblan todas las culturas del mundo.
La previsión a pesar de todos los cálculos sobre totalitarismos no es la de la destrucción de todo lo impreso, aunque no deja de ser un ejercicio mental interesante pensar acerca de ello. ¿Qué pasaría si un determinado microorganismo -para librar el ensayo de especulaciones sobre políticas autocráticas y regresivas-atacara el papel entintado y lo corrosionara irreversiblemente con tal rapidez que todos los mecanismos humanos no pudieran sustituir con la misma velocidad lo destruido? ¿Qué pasaría en suma si la civilización se enfrentara a la pérdida de todos sus archivos y documentos, y no pudiera hacer nada al respecto? Propongo entrar en esa dilucidación y no subterfugiarse en los amparos electrónicos de la información encapsulada en transistores. O para extenderla todavía más terriblemente ¿que pasaría si todo soporte de texto se extinguiera? evidentemente solo cabria pensar en la memoria biológica como único depósito de archivo. con todas las calamidades q. ello supusiera ¿acaso los milenios de saber acumulados en los textos desaparecerían automáticamente por la falta de presencialidad de éstos? Solo desacralizando el texto, por importante constituyente que sea en la formación de la conciencia social y el crecimiento completo de los individuos, se puede admitir la libertad del discurso y la apertura a otras vías desde que transmitirlo. No es que otras lecturas pictográficas o plásticas y otros lenguajes dentro del arte, suplan o suplieran las necesidades de la lectura palabra a palabra, línea, página a página, de los millares de textos que puede abarcar el interés de lectura a lo largo de una vida.
La integridad personal y cognoscente no puede sucumbir porque los representacionales de su saber se extingan como presenciales. De otra parte la literatura escrita en su conjunto, la ensayística y la filosofía, ¿no gira acaso desde hace bastantes siglos en torno a temas sempiternos? de alguna manera cada libro es la reescritura de otro anterior. Y el libro de uno forma parte del continuum reflexivo de otros. En última instancia todos los libros serían un libro. Y el tener muchos en casa o poderlos citar con más acierto no es un demostrativo de saber más, aunque a menudo se utilice como parámetro del que sabe más. El despliegue de libros abiertos encima de la mesa de trabajo sobre el sofá y la alfombra en casos extremos en un enlibramiento de los espacios para hacer uso y contrauso de autores y parágrafos forma parte de los criterios y peajes necesarios para un determinado proceso elaborativo.
La elaboración parte de lecturas, de las cuales han partido vetas de estudio y seguimiento, y a partir de aquella hay la configuración de nuevos libros a través de redacciones exprofeso. Son cuatro universos diferenciados y separados por el signo de mayor que e incluso precedidos del universo del estimulo por el leer, es decir el universo de lo hablado y lo transmitido oralmente desde los discursos de la fábula a los del hiperrealismo.
Transmisión hablada anterior o > lectura > estudio > elaboración > escritura. La palabra emplazada, la buscada, la colocada en la plaza (JLarrosa) es el ejercicio investigador para volver a decir lo dicho desde lo no dicho y avanzar aunque sea milimétricamente en la captura comprensiva del mundo. El texto, todo texto en la forma que sea y en todo su repertorio de soportes, desde el pergamino al digital enpantallado, es un segurizante, es la ley, es lo recursivo, es el aliado frente a los oscuros incomprensibles. Es el depósito de los universales conocidos para hacer frente a las leyes por hacer que son generacionalmente desconocidas. El texto, cualquier clase de texto, es el compañero existencial para hacer frente a todo aquello absorbido por el canibalismo de lo inexistente, es decir, del no- texto.
Larrosa Jorge, La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación. Laertes. Barcelona 1996
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2 Diciembre 2008
Concepto de indicadores de cultura.
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Renovación del concepto de indicadores culturales y límites enseñantes ante nuevas tecnologías.
-Resistencias a la recepción de los contenidos de saber administrados.
Lo que sabe una persona no pasa por su capacidad de citas ¿o tal vez sí? ¿Una persona son sus referentes? ¿Hay otra clase de cultura, la del argot y la de la peyorativizada subcultura? Lo que sí parece bastante consensuado es que la cultura no queda reducida a la cultura impresa y que ésta está perdiendo por momentos su lugar definitorio o su valor epistémico. Si quien mas sabe no es quien más libros tiene en su biblioteca privada ¿Por qué su acumulación y una cierta bibliofilia va emparentada con las prácticas de la gente destacada del saber? y ¿por qué su perdida puede ocasionar verdaderos desmanes en el propio equilibrio emocional? Se ha venido definiendo compensativamente la cultura como aquello que queda después de olvidar todo lo aprendido. Pero ese aquello es una indeterminación descomunal que a la hora de precisarla puede dar vacíos en lugar de respuestas. Por otra parte tener una memoria de archivo recurrente para repetir siempre y por orden impoluto los predicados redactados por una pluma más o menos lejana o autorizada, es eso, tener una memoria, no necesariamente quintaesenciarla y extraer los substratos válidos de aplicación a otras circunstancias. Las escuelas coránicas utilizan didácticas memorísticas y la cultura oral es la transmisión sin error, generación tras generación, de los postulados de la Tradición. En la actualidad ya no son necesarios los aprendizajes de otras épocas. Nuestras calculadoras operativizan cualquier complejidad matemática (aunque en algunos exámenes en enseñanza media siga estando prohibido su uso) y nuestros programas de diseño puedan hacer proyectos impensables no hace mucho. Paradójicamente la cultura actual ya no pasa por tener todo mentalmente archivado sino tener las claves y vías fundamentales de accesos a lo que puede guardar un saber. De las grandes bibliotecas privadas se está pasando a las disketecas y de la cultura impresa a la cultura virtual. Consiguientemente las oratorias culturales correspondientes dan paso a los discursos open, permanentemente abiertos y enriquecibles en procesos de conocimientos on-line, donde entre muchos se va adelantando una cultura de las culturas. La tecnología permite infinitos recursos de ayuda memoria y quien sabe ya no es quien se mantiene como parlante sino quien es el recursor y recursivo para la obtención inmediata e in situ de la información que precisa en cada momento. El ser cultural deviene así en el ser sinóptico, que actualiza su versión de estar con los objetos del Saber, a partir de las vetas fontanales q va contactando. Continuará la práctica del viejo lenguaje literario y una retórica hedonista para la complacencia de los sentidos y la producción de las emociones pero en decremento del valor de lo que dijo quien en tal momento sobre tal tema. En la medida en que técnicamente ya es posible interferir todos en todos de maneras impactantes y directas, cada ser se convierte en elaborador de materiales para otros y en especulador acerca de los productos ajenos. La frontera entre sujeto y objeto tiende a desaparecer. Y en su lugar emerge rotundamente el conflicto entre sujetos por la pelea del mismo objeto. Desde las luchas tribales a las sutiles contiendas academicistas y entre universidades y laboratorios, pasando por supuesto por el reinado de los protagonistas de la descalificación recíproca: los políticos, si en algo se puede resumir la historia de lo humano en sus controversias es el de la batalla intersubjetiva por el territorio. En el fondo hay un común denominador entre los soldados de las trincheras y los polemistas de las teorías: la aprehensión de un mismo objeto codiciado: sea una zona de valor estratégico o un sistema explicativo que agote un objeto de reflexión. Tanto en un sitio como en otro hay expresiones de la cultura: tanto la violencia descontenida de unas formas como la sutilidad de otros dominios. La muerte arrebatada recoge un patrimonio cultural y las tradiciones del respeto y ayuda mutua no son exentas de las violencias sumergidas. ¿como si no justificar actitudes de traición, vendettas, plagios, y negocios sucios y carreras por las cátedras, en ambientes sofisticados, donde cabía suponer que un mayor refinamiento intelectual comportaría un mayor control de las bajas y primarias pasiones?
Todavía el afán por enseñar y transmitir una cultura coetáneamente a sus co-presenciales y distalmente, como herencia, a sus generaciones por-venir, lleva a suntuosas y complejas teorías del como hacerlo/como conseguirlo, prevaleciendo el énfasis en la adquisición de datos y citas, y con ellas, de reglas y normativas. Partiendo de premisas-consenso acerca de los mínimos obligados a saber. El delito metodológico de tal planteamiento es que todo saber es potencialmente un no saber. El fantasma socrático de que a mayor saber le corresponde el reconocimiento del no saber, flota inevitablemente sobre las mentes investigadoras y las ilusiones docentes. en consecuencia todo baremo de mínimos, es contextual y necesariamente pereclitable. Así mismo las técnicas de diagnóstico de aptitudes que hicieron su furor durante un tiempo, tienen una validez temporal, en tanto que todos los ítems de un test (también los de actitudes con c intercalada) tienen una caducidad sin excepción. Lo que nos lleva al reconocimiento de la transitoriedad de los predicados, de su de funcionabilidad. A partir de lo que solo se pueden obtener falacias acerca de presunciones de futuro de sujetos en edades prematuras.
Por su parte el arsenal pedagógico, distribuido por áreas, especialidades, instituciones educativos, centros, niveles y complejos organigramas de los que se dota o decide cada administración de la cosa pública., choca con la decisión de los indicadores de un saber sustancial público que puede contradecir tanto a los intereses creativos de los individuos encuadrados en el sistema, como a la trayectoria de la época en la que se está. Por eso toda tentativa de listar y enumerar uno a uno aquellos indicadores que se consideran pertinentes para demostrar una existencia de cultura, chocarán antes o después con la propia dinámica cultural.
Si estar al corriente de los cambios gubernamentales del propio país o de la comunidad europea o incluso del anormal internacional es una muestra de estar situado ante las piezas que son jugadas y quienes las juegan, no por ello, no seguir las noticias es un indicador de estar fuera de la realidad. Ambos comportamientos: el que sigue noticias y el que no las sigue, obedecen a criterios realistas igualmente válidos y a cuerpos culturales distintos, pero tan consistentes el uno como el otro. ¿que pasa si aplicamos ésta comparación a otras muchas áreas, o a todas las demás? ¿deja de haber cultura cuando hay una caída de interés? Más allá de los agentes culturales y de los instrumentos operados para la docencia, lo que enseña es lo que repetidamente se ha llamado “La Vida”, puesto que cada viviente racional es un extraedor de experiencias de ella. “Quien enseña es el mundo como un todo. Y de manera especial, enseñan todos los agentes de socialización. Pero quien aprende es una persona concreta” (S.Estrada). El de enseñante es un rol que queda colmado con el de aprehendiente. Todo ponente se estrella frente a la estulticia o la refracción. En un contexto moderno de pusilanimidad, no lectura y escasa capacidad atencional más allá de los 15 minutos en situaciones escolares muy deterioradas, queda más patente que nunca que es mas importante la transmisión de los algoritmos del aprender a aprender que no la lluvia docente de magistralidad. En particular cuando el futuro próximo de los sistemas educativos y los patrones culturales tienen mas que ver con diseños de redes y contextos de seminarios compartidos y coelaborativos, que no en las relaciones clásicas binomiales erudición-escucha o ponencia-audiencia. Los instrumentos de saber tienden a rehumanizarse de otra manera, con los sistemas telemáticos, las pantallas y los recursos autoeducativos (todo, o casi, está en las fuentes, en los documentos, en los archivos, en los libros, en los diskettes y es cuestión de tiempo que el saber universal con todas sus bibliotecas e investigaciones en curso, esté en robustas y discretas memorias digitales).De ahí que la figura del que aprende como rol que se va haciendo y consolidando en ese proceso de Construcción de la Razón, desde la experiencia del Uno (del individuo, del alumnando) sea infinitamente más significativa y futurible que la del Enseñante. En realidad esa es una figura profesional extinguible, aunque no hay que temer que sea ni siquiera a bastante largo plazo- Su reciclado hipotéticamente pasaría por funciones tecnodidácticas como ya viene sucediendo en nuevas profesiones derivadas. Eso sería posible o se dará a partir de procesos básicos de equivalentes a Primaria para otorgar backgrounds y rudimentos estructurales.
Luego el principal agente educador sería el mismo acto interactivo del aprehendiente directamente con el objeto que quiere aprehender. No es tan importante esa presunción de segunda naturaleza, la social, que atribuye Estrada tomándola de los antiguos sofistas y en la que también insistiera el marxismo. O al menos no admite una sola clase de configuración, la del acto presencial en el lugar grupal. Por otra parte, la presencia de lo social está en todo, es decir en el conjunto de objetos inanimados que nos envuelven, dentro del hábitat y fuera de él. Esa temible imagen del ser individual absorbido por su pantalla y ajeno a lo que pueda pasar a un metro de sus flancos, por sus consecuencias adictivas y nefastas en cuanto conducta reductora del contacto social, no tiene porque ser tan alarmista. Siempre ha habido un cierto temor primigenio a la innovación. Si lo hubo con el teléfono en su momento o con la televisión en otro, no por eso la gente dejo de hablar directamente con su voz o dejó de ir a las salas de proyección. Lo que hay que distinguir son la transformación de los factores socializantes y su reinterpretación dados los valores y praxis colectivas vigentes. Lo socializador no es ese estar física y presencialmente con los demás (Algo de lo que las sociedades de masas y las ciudades masificadas tampoco permiten evitarlo) sino estar en una sintonía de substancias. lo cual es accesible desde la distancia. Ese es el reto cultural del individuo, hacer sus encuentros con el mundo y consigo mismo, estableciendo sus propios parámetros de saber y sus autoindicadores. En última instancia cada persona es la única que podría juzgar su potencial intelectual y nadie en su lugar definir el refinamiento exigible. Además toda Cultura por mucho que se iguale a conocimiento y avance, es una suma dialéctica y contradictoria tanto del Saber como del no Saber. Una cultura también está formada por animismo, irracionalidad, tradiciones ancestrales y descubrimientos barrados. Ser cultural en algo también significa pertenecer y estar conectado a esa veta de interrogantes y temores. Los supuestos indicadores culturales de lo positivizado, bajo la acusación estigmática de que no se puede existir o estar a la altura de las exigencias actuales sin conocer tal o cual teoría, o tal o cual autor, no deja de ser una burda simplificación de todo este cuestionamiento. No hay que olvidar que el estudio de unas obras y autores en profundidad siempre corre en detrimento del no estudio de otros y otros. Todo saber específico contrae pues la responsabilidad de la falta de un saber holista. Es justamente la contradicción inherente a las hazañas intelectuales del ser humano que viene tratando de resolver desde el más allá de lo concreto y por lo tanto de los programas de materia y créditos a asumir, en ese más allá, en esa meta-física, es donde pueden intuirse algunas pistas de hallazgos de conclusiones reconfortantes. Entretanto el no cumplimiento de respuestas acertadas a las preguntas de programa (de orden pre-establecido) y las consecuencias fracaso o demora escolar ante su no acierto, pueden ser reinterpretadas desde un constructo de antifatalidad en lugar de desde una posición de derrotismo del método.
Estrada, Sara. Ensenyar amb seny. Veus Alternatives juny 1996
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2 Diciembre 2008
En la simbólica del saber se hace valer la tesis de que el simbólico es lo más significativo como herencia intelectual y su ubicación queda muy por encima de los programas de contenidos. Admitiendo la contradicción al establecer tal comparación de que todo contenido es transmitido con un currículum-oculto simbólico que va siendo procesado independientemente de la consciencia incluso de sus dadores. El aparato pedagógico, como representativo del conocimiento administrado, basa sus estrategias didácticas, en una intención de valor, que como cualquier otra recogida de hechos no responde a una dinámica de azar (Richelle 1973) sino a una ordenación predeterminada del mundo. El entregante de un saber antes ha sido un elector de una parte de conocimiento en la que se ha instalado. El conjunto de un aparato de administración (dosificación y desdosificación) de un saber es el que queda establecido en virtud de las demandas del modelo social en el que está inserto. En la prerrogativa de esa transmisibilidad se está instaurando más que proponiendo, una simbólica del mismo. Lo que queda tras el almacenamiento de los datos, son los símbolos que los vertebraron, pero no ellos mismos. El dato fenece, el símbolo permanece. De la misma manera que los agentes culturales acaban por ser olvidados, incluso en sus fisonomías en las parcelas de coincidencia biográfica con ellos, pero se mantiene permanentemente vivos o son rescatables en la función simbolizadora que jugaron.
De los profesores, de las escuelas, de los libros, de los cuadernos, quedan -una vez rotos y distanciados los contactos- la evocación de unos vagos panoramas que se van desdibujando con el tiempo. en todo caso, su deformación perceptiva puede ser contraatacada por los álbums y otros elementos de revisualización del pasado, pero la tendencia dominante es la del olvido de lo formal, que choca profundamente con el recuerdo de lo esencial. las formas (es decir, las caras, los nombres, los títulos temáticos) se extinguen, en cambio lo substancial simbólico permanece. Porqué el símbolo traspasa su incorporación como un dato cultura para ser una inserción estructural en la personación. Mientras que la narración (de los datos) se hace memoria, el símbolo se hace persona. El símbolo y su transmisión tienen sus propios protocolos independientemente de la inteligencia entendida por Wechsler, en cuanto capacidad de tener relaciones útiles con el medio ambiente. El símbolo queda instalado como un substrato que condicionará la inteligencia y las facultades mentales superiores y será traspaso al ser en una primera etapa desde el vínculo intuicional. Así como el aprehendiente es acto antes que pensamiento, es hecho antes que interpretación, el formante (quien se forma) es antes esponja que crítico, conformista que cribador, confiante que receloso. Para cuando adquiere recursos de crítica y de análisis, es decir, un estadio formativo suficiente, es ya un ser simbólico, es decir inscrito en una simbólica: un determinado corpus de símbolos por los que se doblega y si hace falta, entrega todo su potencial discursivo y creativo. La simbólica no es referida a una sola clase de símbolos, sino a un campo de mediación entre tal como es tomada la vida y lo substanciado de ella. Hay símbolos pues para todas las medidas y tendencias. Cada línea de pensamiento y cada generación de actuantes tienen los suyos. En el sí del formante en su condición transmutada de párvulo-bachiller-universitario-doctorando-becario hay la prevalencia de un atributo intuicional bergsoniano revestido del deseo de penetrar en cada objeto temático para resonar en lo que tiene de único. en última instancia la simbólica del saber en su proceso mecánico de estudiarlo, es una intuición de personalizar, de hacerlo personalmente propio, aquello que se estudia. Lo otro, mantener el objeto como objeto enciclopédico distante, como producto aséptico intelectual, como párrafo o conjunto de párrafos inamovibles en los textos manejados; es la a-simbólica, es el fárrago contextual, el laberinto de términos, instrumentos, tecnología interactiva y construcciones de unas oratorias basadas en la deconstrucción de otras. Las propias modificaciones cíclicas de los planes de estudios en los países que se autocuestionan la eficacia de los mismos dejan para otros segmentos del conocimiento y otros valoracionismos más epistémicos, la función del símbolo.
En la creación de miembros individuales, la especie humana está ejecutando una función simbólica y otra imaginaria antes que reproductiva. En la actuación precisa de los actos de vida, hay una inercia neuronal antes que una ejecución física. En la biología del ser persiste una pulsión vital antes que una consideración de vida. En el lugar de un naciente, hay ya un nombre que lo espera y una función simbólica que viene a cumplir: la de una complacencia paterna o la de una configuración familiar. Incluso en el desarrollo evolutivo de un ser, en virtud de estatus, ubicación, modos, hay ya unos significantes simbólicos que lo orientan en unos sentidos u otros. También la condición de estudiante -dentro del grupo de las condiciones representacionales que un sujeto ejerce a lo largo de su biografía- es una condición pre-significada. El estudiante hereda un estatus apriorístico antes de su primer día de párvulo que va a un lugar, a su vez simbolizado, para adquirir ese conocimiento que es entregado como una pócima sagrada y que debe ser aprendido. Ese posicionamiento simbólico será transversal a lo largo de su vida intelectual, hasta que sus desiderátums y rebeldías conceptuales no le coloquen en la camino de la cuestionabilidad y por lo tanto de la impugnación relativa de lo aprendido. Será el momento crucial de la desabsolutización y la emergencia del estudiante como teórico-practica de la relatividad. El formante invierte un parte de su vida formativa en apresar referentes sólidos y otra en cuestionarlos. A su vez el formador, el didacta, invierte una parte de su historia profesional en un rol reproductor del saber legitimado e incuestionado en forma de los textos aprobados, y otra en la admisión de la ensayística y de los discursos desde la reflexión inconclusa, como la otra parte que deja preguntas abiertas; volviendo así a la condición tradicional del sabedor como alguien que reconoce su no saber y traspasa sus carencias de conocimiento a sus auditorios para que tomen esa antorcha encendida del conocimiento. El legado mejor que el formador puede dejar en el formante es una alforja de recursos para avanzar como francotirador en una exploración interminable de la vida y todo lo que encierra. El formante en su condición consecuente se fusiona en el rol de formador en otro contexto biográfico, manteniendo la dualidad simbiótica de ambas funciones. A partir de ahí se autosimboliza como proceso vivo y por lo tanto abierto y no se establece como un ser cerrado a incorporaciones acerca de lo admitido. Paradójicamente los documentos que confirman un saber en un determinado período de la vida actúan como cerradores de ese mismo saber. Y no en vano los criterios acerca de los reciclados formativos han tenido que pelear tanto en sectores profesionales un tanto retrasados y resistentes a reaprenderlo aprendido en virtud de nuevas investigaciones y nuevas maneras de ordenar el mundo. El reciclaje no es una palabra cualquiera sino una palabra exacta que significa hacer algo nuevo de lo que ha sido usado y ha adquirido ya una patina de caducidad. El reciclador de su saber es un reordenador de sus partes constituyentes para hacer uno nuevo y no tan solo un añadido al anterior sabido. ciertamente hay teorías en la historia que dentro de su erroneidad relativa han permitido un avance, lo que no significa que puedan continuar siendo explicadas como antes del reconocimiento de tal avance. el criterio de reciclaje tiene en sí mismo una categoría simbólica y por sí mismo basta para resimbolizar de una manera lo que es el saber, pasando de su mayuscularización como unitivo y único a su minusculirización como particular y relativo.
Hay pues un puente obligado que va de la pedagogía conceptual a la simbólica. La pedagogía de los conceptos y de las nociones traspasada a la de los símbolos, para los cuales el conjunto de la cultura sígnica quedan condicionados. La clave y los protocolos didácticos pasa por el saber del saber, como una alegoría de una valoración de cada pack de entrega de conocimiento. Una iniciativa de estudio no es del todo honesta sino explica porque desestima otras paralelas que entran dentro de su campo temático. De la misma manera que se pueden hacer licenciaturas enteras con sus 2 o 3mil horas lectivas, lo cual no es poco, sin mencionar determinados autores y conceptos por considerar que pertenecen los unos, a la colección de los profetas (o locos) malditos, y los otros al índice de los tabúes y al castigo de las sucesivas regencias vaticanas; también desde la trampa metódica se pueden abordar proyectos de cursos sin bibliografiarlos o apoyarlos con fuentes que los han tratado. De hecho en la elección de unos temas y de unos autores ya hay una discriminación metodológica, o al menos puede haberla implícitamente aunque no esté arropada por una intención. Lo intelectual y los caminos de acercamientos a unos saberes también obedece a unas modas (hay unos autores que suenan más que otras, y mientras unos son circunscritos a su momento académico, literario, periodístico o biográficos o a partes de éste, otros trascienden a su época) lo cual resulta antiestructural con el o los métodos del saber. El conocimiento tiene un atributo de temporalidad y queda simbolizado en ésta. Es esa condición que permite una transmisibilidad indistintamente de una circunstancia hegemónica. El recuerdo y una memoria cultural en tanto que criterio ordenador y transmisor, tanto en su leyenda oral, como en su cultura impresa o cibernáutica; es esencialmente estructurador de una conciencia pública o elitista y una significación de sus ingredientes simbólicos. Éstos catapultan unos arquetipos: el pedagogo, el psicólogo, el científico, el estudiante, el libro, el documento, el ordenador, el investigador, incorporan en sus roles determinados concretos una función simbólica precisa. Los profesionales son pre-juzgados en su función antes de ser contactados. Antes del tacto directo y de la primera comunicación hay una prefiguración de lo que se espera de ellos. El estudiante se hace una composición de funciones antes de contactar con el profesorado en general y este se la hace con el estudiantado en general. Uno tiene que llegar a unos mínimos y el otro tiene que estar a la altura del programa del que es titular. en la práctica hay suficientes desajustes en un segmento como en otro, y ni siquiera los arquetipos inanimados como los instrumentos matéricos se salvan de una responsabilidad y una comisión de rol deficitaria cuando no cubren unas expectativas depositadas o sus contenidos quedan muy atrás de sus enunciados.
En ese teatro de operaciones la defensa educativa presenta una estela de equívocos. Ni todo rol es finalmente defendido a ultranza, ni todo instrumento y/o teoría didáctica resulta suficientemente satisfactorio. En cualquier caso la presunción de una pato-pedagogía o de una cultura engañosa, tanto por sus equívocos como por la indemostración última de sus predicados vendidos como infalibles, vuelven a crear la perspectiva panorámica de los centros de cultura en lugares de pro-saber, y de diálogos intercomunicativos. La razón última de un ponente y de un pedagogo en la exposición de su ponencia es la de aprender. De hecho la exposición de toda ponencia múltiplemente repetida tiene un interés para la confirmación, y es de hecho una prueba confirmatoria sino encuentre una réplica contraria suficiente. Por otro lado, la lección unilateral sin la provocación del feedback acerca de los mensajes transmitidos puede quedarse en una entelequia eterna posicionada en una presunción de corrección por el solo hecho de no ser discutida. El silencio interlocutor indica una falta de contraposición pero nunca afirma la posición emitida de un parlante.
La reconsideración de las pautas pedagógicas lleva necesariamente a resituarlos lugares físicos del saber. si bien es cierto que el aula y el seminario y el paraninfo pueden continuar siendo espacios matéricos con unas determinadas garantías de sosiego intelectual y de sensorialidad estimulada por estímulos ajenos perturbadores; la postmodernidad ha traído consigo muchos otros espacios fuera de los académicos que potencian una cultura y desvirtúan los significantes tradicionales de lo académico y lo universitario. si nunca fue del todo muy cierto que la posesión de significantes documentalizados atestiguaran una máximo de saber en el personaje cuyo nombre figurara en el documento, para cuya legitimidad tenía hasta la firma monárquica; la postmodernidad ha puesto por los suelos más que nunca este presunto. Más que nunca quien sabe es quien reactualiza su saber y se entiendo como un formante continuo cuya formación no le disculpa desconectarse del proceso. Ello le lleva a lugares de saber quizás menos ostentosos pero más verdaderos y en última instancia a los campos de emperimentación y a la observación directa, de lo que no ha sido observado o lo ha estado insuficientemente. No hay que olvidar que entre las protuberancias del conocimiento y en esa patopedagogía antes mencionada hay una contaminación de conceptos o una transmisión de errores, una generación tras otra. El tratamiento de la Inteligencia como concepto y como dimensión y los estragos que sus mediciones hicieran en su momento, algo de cuyas secuelas todavía se puede hablar, es un ejemplo de como uno o varios métodos desafortunados podían colocar unos criterios clasificatorios altamente equivocados y nocivos en el mando de métodos pedagógicos. afortunadamente las políticas de las mediciones ya fueron contestadas en distintos momentos y hoy los tests de inteligencia no son tenidos en cuenta como las pruebas de preselección, estando en todo caso, por detrás de un curriculum de estudio en sí mismo. Piaget ya se opuso al criterio de que la inteligencia fuera algo medible al menos con los test de inteligencia como instrumento de medición.
Desde el lado de la aplicación o practicidad del saber, su versión como práctico versus al teórico pone al descubierto que no todo lo adquirido tiene una aplicación práctica, pero que sin embargo el saber cambia a su sabedor. El cognoscente no es el mismo antes que después de una adquisición intelectual sobre el mundo que le rodea. En última instancia la transmisión del saber opera como un desangustiador ante el mundo inaccesible y Repleto de interrogantes, y también actúa en lo social-concreto como una perspectiva segurizante de futuro. El estudiante es movilizado a los estudios por un significante familiar en la aplastante mayoría de los casos, por no decir en la totalidad de ellos salvo algunas excepciones, que prefigurar en un saber diplomado (atestiguado) una perspectiva material de vida profesional, económicamente rentable. Los años de inversión en los estudios son luego ampliamente remunerados por los años de profesión. Esa al menos es la prerrogativa. Luego una vez estrenado ese futuro prometido, resulta que son otras variables (las económicas y de mercado) las que resignifican de una manera distinta el saber aprendido. De hecho las profesiones más lucrativas no son las que se corresponden a un saber más cualitativo sino a una posición determinada en las relaciones de mercado. Dentro de las titulaciones actuales en un mundo de desajustes, la abogacía es la que parece prometer mayores dividendos y la docencia lo que menos. El saber teórico puede permitir otros desarrollos intelectivos y facultades de astucia, además de proyectos y objetivos seductivos, de cuya aplicación pueden dimanar procesos prácticos que reviertan favorablemente en la vida; pero en sí mismo el saber no es fácilmente aceptable ni vendible. Lo que es más, un exceso de saber puede ser bastante mal visto. A un personaje clásico de la literatura castellana se le atribuye su locura a un exceso de lecturas, y a su personaje complementario instalado en una cierta ignorancia popular, la cordura del realismo.
La reflexión acerca del Saber simbólico lleva obligadamente a un cuestionamiento del concepto de los indicadores de cultura. estos, son variables en función de cada circunstancia histórica. Las memorias acerca de unos linajes o de unos acontecimientos bélicos pueden ser centrales en un momento dado, y absolutamente secundarios a la distancia demedia generación posterior de sus recordadores. De hecho el mismo parámetro del saber como un recuerdo reiterado puede ser cuestionado a pesar de Primo Levi que insiste en su fundamentalidad. En su poema donde emplaza a la comodidad para la reiteración de un recuerdo que no puede ser olvidado, acerca de la condición humana desde la miseria. Y si tal repetición que debe pasar orálicamente de padres a hijos, no se da, entonces pide como amenaza más que como opción, que aquello mismo que no es recordado por quien no lo ha padecido, que lo sufra en cuerpo y biografía propios. Es un poema dictado por la ira y por la razón anegada desde la sentimentalidad, con lo cual le lleva a incurrir en contradicciones evitables desde un análisis global. Basta recordar que toda experiencia por intensa que sea la dramatización explicada de ella nunca iguala a la propia experiencia desde el p de vista del escuchador y la sensibilidad receptora. son dimensiones distintas cuya vibración mutua no confunde que el primer sonido original es la de una cuerda, y el complementario es el de la otra. Llorar por lo a ajeno y sufrir por lo ajeno en una dinámica de sufrimiento empático por alta que ésta sea no implica una fusión de experiencias sino un juego de experiencias distintas. La memoria de lo otro destruido es una referencia obligada por toda generación que desea crecer y salvarse de las atrocidades de su época, pero tal memoria es desplazada finalmente por intereses supervivenciales. Lo cual lleva a concluir que la falta de memoria o en la memoria desadaptada hay que colocar una responsabilidad de porque los seres humanos repiten la historia como ciclos de dolor. con todo Primo Levi laza una consigna. “Pensad que esto ha sucedido”. ya nadie puede ignorar la versatilidad de las leyendas que refieren los peores daños y que incluso sus menciones tienen una condición de dañinas. Ya nadie puede vivir desde el silencio o desde la desmemoriación total, las voces del ultimátum persisten y las fuentes de la historia están vivas. El poema de ese emplazamiento y la poesía del ultimátum en general permite colocar al receptor de acontecimientos en la tesitura de ser su reconstructor. para la mejora del mundo.
Pero la actualidad académica y la multitud de experiencias docentes analizadas indica que en lugar de un deseo preeminente en la reproducción de lo aprendido para evitación de acontecimientos comunitarios parecidos o perores que los vividos, hay más bien un interés centrado en el olvido. Es un fenómeno extrapedagógico. también en el seno de una familia constituida, las conversaciones intergenecionales giran antes en torno a los asuntos intereses de la generación nueva que no en los asuntos de la anterior. En el más estricto y preclaro vocablo argentino, los padres, son los viejos, es decir los antiguos, los trascendidos, los aparentemente superados, de los que no hace falta saber mucho más que unas cuantas anécdotas de caracterización. Evidentemente, todo ello, s desde el punta de vista de la generación supuestamente portadora de los nuevo, que entre los 15 y los 30, creer serlo, por un impasse simbólico o una de codificación insuficiente de la transmisibilidad del saber. si en el marco familiar no es rara la conducta desde el sí del hijo/a de no querer ir más allá en según que conversaciones sentimentales con los padres, a los que se les niega la variabilidad sentimental, como algo que solo es propio de la adolescencia o de sus crisis pero que no tiene objeto de ser más allá, también en la relación docente-estudiante, con más o menos cordialidad, hay unos temas que son arrastrados como zonas de no cuestionamiento, y es la precisión en el ahora y aquí de la interacción simbólica del saber, de toda aquella simbolización crítica que se hace en los marcos generales. Es infinitamente más fácil cuestionar lo académico en general, la universidad o las teorías, que autocuestionar el hecho pedagógico en si mismo en unas coordenadas de asunción responsable y para las que se pide una autenticidad. La prerrogativa de tal discusión puede impugnar conceptos estándar y hasta investiduras de los que saben más. Esto no solo alcanza el lugar físico de las conversaciones (los salones universitarios de la palabra dada, como ciencia infusa o como conocimiento elaborado y en elaboración) sino al propio método, llevando tal vez a las revisiones y protocolos de todas las mediaciones establecidas: desde las maneras particulares del mantenimiento de la palabra y del discurso y de sus fondos archivísticos, hasta la literatura asociada y los limites de expresión lingüística. En realidad un analista y un observante y en particular un intelectual es su archivo. En ese sentido el saber se apoya en lo que se tiene. a mayores observaciones y recorridos por los análisis de todos, mayor saber. Tanto es así que lo que sabe uno es aquello que le permite diferenciar entre lo que saben los demás. Pero eso no homologa una sola clase de indicadores culturas, en tanto que la pluralidad de culturas admite una mayor multiplicidad de indicadores. No cumplir con unos no significa carecer de otros.
Un reconocimiento de la cultura rota o fragmentada no tanto por su multiplicidad en consonancia con la biodiversidad que se da como cultu-diversidad, sino por su confluencia de intereses ubicados en un mismo momento y lugar, dando una preferencia jerárquica ni a lo más popular ni a lo de mejor calidad; es la premisa sine qua non para levantar métodos de restitución y compensación. La cultura se rehace en tanto va más allá de los límites que impone como conocimiento estanco y por eso no teme en adentrarse en más allá de sus arquetipos y en concreto de sus textos.
Eso le permite se tratada y autotratarse como una herencia simbólica. La cultura es el mejor capital humano que una generación puede transmitir a otra. Las prerrogativas de aplicación del conocimiento es lo que permiten restaurar incluso los otros legados perdidos. La cultura es el algoritmo de la vida. La materialidad de ella es el conjunto de arropamientos que pueden ser sustituidos. La cultura traspasa en su mediación simbólica una ética precisa y unas pautas de comportamiento, una visión de lo sucedido más allá del recuerdo de lo memorizado. Ciertamente en esa transmisibilidad pueden darse tentativas de borrado colectivo del pasado incluso reciente. Hay una simbólica de la desmemorización e incluso de la negación de la evidencia. Y hay una presunción de que cuanto más alejada está la historia de la que se habla menos identificaciones emocionales se guardan con ella y por lo tanto parece menos importante su alteración en tanto que no hay una implicación personal. De ahí que el saber que se acaba transmitiendo de generación en generación pueda ser un saber sesgado, el que responde a cada momento a los intereses de quien lo paga y de quien está interesado en darlo al público.
El saber siempre es una transacción, donde sus transactores pactan o son pactados (por quienes tienen los poderes tácitos en hacerlo) acerca de lo que más conviene. Los padres dicen lo que mas conviene a sus hijos, los didactas lo que más conviene a sus alumnandos, los esposos lo que más esperan de sus partners, los coroneles lo que deben obedecer sus soldados, los creyentes lo que más deben ritualizar interpretado por sus teólogos o sus comunicadores con sus dioses. Y así cada recipiente y cada receptor de un trayecto de conocimiento, de un tramo, de una porción de todo lo sabido, tiene un mediador que se lo ha hecho llegar. Hay un nexo pedagógico entre el aprehendiente y aquella parte del mundo que ha aprehendido. Ese nexo puede ser absolutamente austero y pretendidamente neutro, o posicionado en una ideología y defensor de unos valores. En la práctica docente, no hace falta ser “de un lado o de otro” para, en la misma terminología usada, estar dando ya cuenta de que credos son los que están detrás del discurso didáctico. Unas urgencias de sociedad y unos determinados temas políticos o de discriminación humana pueden poner cuestiones secundarias al mismo contenido programático, en un primer lugar atencional. de hecho en la misma formulación de expresiones de ideas, en la misma forma se están dando ya posicionamiento de contenido . No se pueden dar ni recibir clases al margen de los acontecimientos sociales externos, puesto que la sociedad en sí misma es un entramado de interacciones simbólicas. No en vano, en los sucesos golpistas que han dado paso a períodos sangrientos de dictaduras desilustradas, sus primeros e inmediatos focos contra los que lanzar la represión han sido-y son-los lugares de la palabra simbólica y de la vivencia cultural (estaciones de radio, emisoras, universidades, periódicos,...). Todo ese proceso lleva a intentar crear con coherencia modelos orgánicos del saber alternativos a los dirigidos desde el mandato del predicado de cada gestor de poder en lugar de una simbólica transcultural y transtemporánea. La exploración de modelos lleva a cuestionar frontalmente las figuras clásicas del sabedor y del propio profesor así como de la escolarización social. Modernamente analistas pedagógicos como Manuel Asún, rescatan la figura de Illich y la coetanizan en una concepción todavía no periclitada.
Todo apunta a una sociedad de redes, donde el conjunto del saber estará en on line, sobre línea, puesto que los archivos electrónicos continuamente estarán bajando a las pantallas para uso de sus necesitados. En las cual los mensajes docentes quedarán entremezclados con los vacíos de los preguntantes. el juego del ponente y del oyente escalará otras dimensiones y una igualación. Estamos ya en una época que los alumnos en tanto que influidos por otras tecnologías pueden estar sabiendo más que los profesores en según que temas “nuevos” y está establecida ya una cierta carrera en el reciclaje de los segundos para alcanzar, paradójicamente, a los primeros, que suelen ser por cronología los que vienen después. finalmente lo que importa es lo educacional como acto y no como una cátedra inamovible. Y ese acto educacional si siempre ha estado en todas partes (las lecciones de la vida las da la complejidad, de la vida y no solo una parte de sus instituciones sociales)en la tecnoactualidad más que nunca está ante nuevos lugares (en las pantallas y teclados del ordenador, en las células básicas de las conversaciones, en los considerandos secretos o no del pensante en aislamiento, en los entreactos de las clases, en los campus pero en sus céspedes tal vez más que en sus aulas).Pero ello no lleva a una desautorización del espacio lectivo, avalando como su mejor construcción el del Seminario y Debate, es decir la articulación de una manera orgánica con la presunción de la polémica como base de la formación. De hecho quien pone en el habla propia sus dudas y sus saberes, afirma un conocimiento, que de otro modo, desde un silencio o desde un temor a la contrastación, lo retrasa y hasta, lo inseguriza.
En el seminario hay un repaso de las categorías de lo comunicante y por ellas lo que no es comunicante porque no tiene palabras para serlo en un momento dado. Para a continuación afirmar el valor construyente y metodológico del pensar en público obviando el tenerlo todo definitivamente construido y esclarecido antes de hablar y antes de afirmar, algo que sí es una exigencia para las publicaciones científicas y por supuesto para las noticias de descubrimientos en la categoría de terminados. Hablar en público sobre el criterio de pensar en público da una nueva dimensión a todo lo anteriormente aprendido y un reconocimiento intelectual y sentimental de pertenencia a una cultura que se va haciendo y una conciencia que va creciendo en tanto es una substancia colegiada. El seminario junto con la entrevista o el vis a vis entre quien está mas adelantado en el saber y quien lo está menos, resitúa una vieja fórmula de maestro-alumno, donde todo pasaría por los koan del zen y el intercambio de preguntas en lugar de respuestas definitivas, de las que se señalan con una cruz en los resbaladizos cuestionarios de exámen de respuestas múltiples, cuya confección ya revela el enclaustramiento del saber a un solo tipo de vías posibles. Evidentemente el docente que se presenta como co-enseñante ante sus estudiantes puede correr una deformación de rol en tanto sea malinterpretado. Del sabedor siempre se espera más de lo que realmente sabe y es. Se trata de un fantasma del oyente y en principio de los matriculados a una temática, que para entenderse complacidos con ella afirmarán incluso una satisfacción donde no la haya. Evidentemente el estudiante está a la espera de una entrega. Es depositaria de unos regalías personalizadas. que jamás sentirá o concederá a un arquetipo texto, aunque los contenidos sean más excelentes que los hablados por un hablante modélico y elocuente. en ese sentido el profesor revive en el alumnado la función de un padrinazgo y de una paternidad.
Richelle, M. Pourquoi les psichologies? Bruxelles,1973
Henri Bergson posicionado en una filosofía intuicionista. La intuición es la simpatía por la cual se penetra en el interior de un objeto, para coincidir en él, en lo único que tiene de único, y en consecuencia, de lo inexplicable
No necesariamente las transformaciones periódicas desde el MEC y otros ministerios equivalentes en otros países, de los planes para hacerlos más ajustados a las necesidades de actualidad, incorporan una filosofía del símbolo en sus nuevas tácticas y estrategias. Las tesis de Marchese y Coll en la construcción gradual de la formación individual en función de la expansión de sus necesidades intelectuales y de saber, y el rol de los profesionales de la docencia como ayudadores de tal construcción, desconectan el proceso intelectual del proceso simbólico en tanto que aquél queda a una praxis de transferencia de datos: respondiendo o intentado responder a la manera como aquello que estaba fuera del estudiante pasa a ser parte de sus recursos formativos.
Carles Mèlich, sitúa el valor de ese aprendizaje en la condición de francotirador en una dedicatoria-agradecimiernto a Octavi Fullat.
(a falta de otra palabra descriptora que sería posiblemente tan injusta y errónea como esta)
Por otro lado sin nuevas teorías didácticas y la impugnación de viejos modelos arcaizantes, posiblemente discursos que incorporan argumentaciones como las del texto presentado no podrían existir. Ferrer y Guardia, Rosa Sensat, Montessori, Hugo Freire, Neill, .Ivan Illich y otros muchos desde los movimientos de renovación pedagógica y los diseños de escuelas modernas y de la interacción del saber, han permitido y permiten que hoy las propuestas de modelos pedagógicos y las Teorías del Saber, cuestiono profunda y simbólicamente sus valores de verdad y de falsedad.
Los abogados pertenecen a una alcurnia de viejos dichos y vocabulario de antigua usanza como el de letrados. Son los-que por una tradición antigua-más tenidos en cuenta por su dominio de la palabra, de la toma de acta y en particular de su función mediadora con su lenguaje (del que hace jurisprudencia) en los altercados entre sujetos acerca de propiedad y otros litigios. en el esquema esencial sigue siendo así. Y eso no significa que el letrado tenga más letras que el que no es letrado, para ridiculizar la consecuencia lógica de su substantivo, sino que tiene los códices en su haber y el recurso a la página exacta del libro concreta de la ley pertinente. Pero lo que lo hace un desmoderado en los dividendos no son sus sopas de letras sino estar en los lugares oportunos en los litigios, teniendo la oportunidad de sus plus económicos extrahonorarios por estar en posición de vender su palabra al mejor postor. No en vano para los desamparados el abogado es sinónimo de ruina, aunque para otros puede ser sinónimo de lo contrario: el de ganar mucho dinero con las artes y alquimias de sus intervenciones en el poder llamado de lo ejecutivo.
No todas las docencias son equiparables. El saber en tanto que producto vendible, es tratado comercialmente con más o menos éxito por sus lugares de impartición. Desde las escuelas e institutos a las academias y universidades, las instituciones juegan una función mercantilista que en principio no tiene pq deslegitimar su función en el conocimiento expansivo, pero que sorprende a la sensibilidad estudiantil. A pesar de lo cual ese cometido comercial no convierte lo cultural en una fuente de riqueza. Hasta no hace mucho habían frases alusivas a la pobreza equiparada a lo que cobraba un maestro de escuela. El docente es vocacional o no es. Y su veta crematística pronto tiene que bañarla en el real de la moderación de continuar en el medio.
Por supuesto a los célebres Quijote y Sancho de la premonitoria, obra de Cervantes.
Primo Levi. Si esto es un hombre.
Los neonazis desde hace ya varias décadas niegan la existencia de un genocidio judío y justifican la mortandad en tanto que toda guerra produce la suya. su posición como bandera teórica por increíble que sea obedece a una estrategia pensada de insistir en una versión unidireccional y parcialista de lo acaecido que no por falta de objetividad consigue menos rendimiento, en tanto que para una impresionabilidad popular queda lo más reciente, es decir lo más repetido. conviene recordar que para los estados totalitarios vergonzantes y vergonzosos de sus pasados de dictaduras y torturas, basta con desdocumentalizar algo para que ese algo no sucediera. Increíblemente la memoria biológica de millones de personas puede llegar a valer menos que el documento. Y en esa estrategia del engaño el fascismo insiste.
Un ejemplo muy actualizado y persistente del manejo en singular de La Ciencia en según que ámbitos docentes y universitarios está estableciendo por agravio comparativo en la omisión la existencia de Una No Ciencia para referir a todo lo demás, es decir a las Humanidades, a pesar de la frecuencia mayor de voces ilustradas como la de E.Lledó, en contra de la diferencia clásica entre ciencias físicas y ciencias del espíritu. Emili Lledó, (Sevilla 1927-)califica de anacrónica la distinción e ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu. Reclama la condición científica para antropólogos, filólogos e historiadores.”soy absolutamente moderno y preilustrado todavía”No se considera filósofo sino un profesor de filosofía dedicado a estudiarla. Imágenes y Palabras (Taurus 1998) Propone La no creencia en las verdades eternas.
Asún. Manuel. Finger, Matthias. Aprender a encontrar una salida: la educación de adultos en la encrucijada. en prensa 1998. en su texto de coautor en prensa, revalora la concepción de la sociedad desescolarizada para una sociedad como la actual en el caso de los USA que la escolarización no ha acabado con una falta de valores reinante.
servido por jesusricartmorera
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2 Diciembre 2008
El símbolo ha constituido y constituye crecientemente el objeto de reflexión más interesante tanto desde la filosofía especulativa como desde los campos concretos del saber en sus repertorios de demandas. Y en particular es un considerando ineludible en las ciencias educativas y en la defensa de un método de transmisión de conocimientos. Frente a la insistencia de Valores como producto consistente por el que educar y transmitir y Contenidos como parte de los objetivos didácticos de una materia dada en un espacio, una ubicación y unos medios, el símbolo pertenece a una esencialidad abstractada que va más allá de la inmediatez de un programa pedagógica y que entra en un parámetro de extemporalidad, en tanto que elemento de incorporación a una manera de ser en la vida. Tras la última lección dada, “la última página ya escrita, la última palabra ya dicha” queda un peso superior a los contenidos expresados en cuanto maneras, fórmulas, formalidades, temáticas, capítulos, memorias, tesinas y es una dimensión simbólica adyacente. No se trata de una propaganda deliberadamente implícita para colocar unos ritos por unos símbolos sin el consentimiento del alumnando, sino de una transmisión a pesar de la propia categoría ideológica del transmitente.
Más allá de la importancia de un saber bancario o enciclopédico de acumulación de los tesoros del saber en cuanto a datos almacenados, ordenados, taxonomizados, y colocados en condición de recursos de información para cuando sean necesarios, lo más permanentizable y que se ha convertido en parte esencial de la vida diferencial del educando es el que ha asociado educación a educación simbólica. Su último patrimonio son los actos simbólicos como resumen de todo lo demás. Lo simbólico acaba por referirse al símbolo en concreto y a los símbolos dentro de una gama de resonancias para su receptor concreto. Refiere un juntamiento de esencialidades. El symbolum latino o el symbolon griego derivan de symballo cuyo significado ya era juntar. “El símbolo es una figura real...que además de lo que ella es en sí y por sí misma, desempeña la función de descifrar y evocar algo distinto a ella. Y es sabido que unos determinados objetos acaban representado simbólicamente a otros” . Una función simbólica es necesariamente una función evocativa representacional. Un símbolo no queda en él sino que es un conector con un universal. Es pues un desparticularizador de cada inmediatez en el que está contextuado para llevar por una vía rápida de interrelacionismo a lo universalista. Tomando el símil de los agujeros negros espaciales que desarrollan un alto poder energético cambiando las pautas de espacio-tiempo y permitiendo supuestamente aceleraciones de la luz. El símbolo usurpa la focalidad atencional de lo concreto para imperativizar el valor principal nutrido por experiencias diversas. El símbolo acaba por categorizarse como la propiedad fundamental de la substancialidad humana, tanto más importante cuanto que hay una saturación de la cultura sígnica. La escenificación del eslogan, de la fórmula y de la señal distintiva es una invitación permanente a una distractibilidad sobre la que pretende descansar el impacto de imágenes en una sociedad predominantemente visual. La configuración del homo videns se va construyendo lentamente desde una acomodación de sus recursos, la de aquella, pero también comportará su contrapartida la del homo zapping, la del sujeto inquieto incapaz de detenerse en cada proceso por la carga saturante de sus mensajes. Y en particular esos nuevos tipos humanos se reconfigurarán en un reconocimiento de sus obstrucciones intelectivas para perderse y discurrir entre la letra pequeña de las páginas impresas. El mundo ilustrado de la imagen ha puesto al descubierto que la invasión del mundo de los negocios y de la cultura por un exceso dominante de la letra menuda, ha dado por síntoma, una saturación ante ella. La letra pequeña en determinadas condiciones de contratos empieza a ser punible o incluso es legislada en cuanto a su tamaño mínimo obligado. La letra menuda de advertencias de determinados artículos de amplio consumo está marcando el poco interés en que tiene que existe para que se leída. a pesar de todo, la letra deja de ser apreciada en su tamaño cuando solo es un pretexto para entrar en las sensaciones que le son crípticas. Las promesas de sus placeres encerrados quedan desacreditadas para tentadores de esa verdad y que sucumbieron en las primeras intenciones. los que las superaron gozaron de universos no transmisibles.
Hay todo un proyecto de reconfiguración del ser, para desbancarlo de su reflexión autónoma y hacerlo como un autómata reproductor de lo visto. Desde la sociología de la educación ya quedaba establecido por Bernstein (1990) la función del educando como una unidad de reproducción. La cuestión no es tanto los automatismos al respecto (todo animal mimético es reproductor de las imágenes que ve o del los elementos que integra en tanto tenga facultades organísmicas para ello) sino los contenidos de la reproductibilidad. la transmisibilidad es indisociable del conjunto de actos vitales. donde hay una acción determinada hay la gestión de una acción que puede ser ya educativa en si misma dependiente de observantes de ella, incluso sin una intencional educadora previa por el ejecutante. Las lecciones vitalistas no tienen porque ser dictadas como tales. Observaciones aleatorias de un día cualquiera en un lugar cualquiera pueden proporcionar conjuntos aleccionadores. Por supuesto eso ni quita ni relativiza, que acudir a la convocatoria con un determinad conferenciante o trasladarse de laboratorio o de hemisferio o de universidad, puede poner en contacto con un filón no encontrable en la proximidad. El nexo vertebrador a cuantiosos científicos españoles que desarrollaron sus carreras en el extranjero obedecía/ce al contacto con esos filones y con una continuidad del saber estructurado y de la metódica del aprendizaje. Incluso para un científico una investigación no deja de ser una recuperación de una parte obscura de la realidad, una recuperación de ella en cuanto descubrimiento y aprendizaje de los contenidos que hasta ese momento eran velados. Aquí el contacto de objeto es trasladado a la naturaleza o a lo que no ha sido concienciado. dentro de los bienes reproducibles, intercambiables y/o vendibles están los productos del capital cultural, que a pesar de ser en un principio un fenómeno a temer por la sociedad dominante que contaba con la ignorancia de las masas como el mejor aliado para su capacidad de opresión, ha sido con posteridad el reconocimiento de unos artículos que pueden conformar en cierta manera a la población o entretenerlos en la demora de sus otras conciencias. Bourdieu habla de aquellos sistemas de significados, disposiciones , actitudes y normas que directamente o indirectamente están definidos como valores sociales aceptables y lo son por el poder social. Contra esas entregas ha y que pensar en términos de contraposición y de una herencia de lo simbólico como de lo imperecedero. Lo cultura también entra dentro de circuitos de moda y mantener una entelequia de supuestos formantes o agentes de formación, sin que creen las posibilidades para verdadero despliegues de la creatividad. La transmisión de símbolos como propiedades substanciales puede pasar de generación en generación sin que se doblegue a los imperativos consumistas de cada moda académica o de los intereses mediatizados por el mercado y las industrias de lo reconviene saber en cada momento a juzgar por los administradores de lo que debe ser el saber público.
Sucasas,Juan Alberto. El juego de Voces. en Ética y Subjetividad. Lecturas de E.Levinás. Coord.Graciano Glez R Arnaiz.ed. Complutense, Madrid 1994
García Morente. Enciclopedia Larousse. Planeta,.Barcelona 1983
Bernstein. Basil, teórico en sociología de la transmisión cultural. En Poder, educación y conciencia (bcn,1990) aborda las relaciones entre poder, significados y conciencia. La sociología de la educación como proceso de producción y reproducción cultural y su impacto en la transformación del poder en principios de comunicación y las reglas profundas de todo dispositivo pedagógico.
Bourdieu Pierre. La reproducción, Laia, Barcelona 1981
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