La Anecdótica
La Anecdótica Jes Ricart
He aquí otro prólogo porqué la farra fraseante necesita un cubículo donde ser vertida. Los momentos emocionales en su intensidad teatral precisan del marco poético donde ser abocados con toda la fuerza de las situaciones difíciles de ser comunicadas.
Llegado a ser autor por el enamoramiento de las palabras, he ido viendo como bastan las dos grandes canteras: la de la Imaginación y la de la Observación para que una fantástica energía haga los enlaces necesarios para dar vida a la vida y esplendor a lo callado. Coleccionario de anécdotas desde siempre, vuelvo a abrir otro bloque de capítulos donde echar todo lo vertible pasando por la vía de transmisión necesaria. No será necesario contarlo todo. Bastarán los episodios importantes o el testimonio central de cada semana. Y desde la desembocadura de éstos vertidos primarios, el self reporter quedará libre de detalles y transcripciones de diálogos y otras bagatelas descriptivas. El laberinto verbal es a la vez camino de esclarecimiento que selva de confusión. Y tras decirlo todo puede estar ocultándose la carpeta principal.
Para decir algo significativo posiblemente hay que pasar por un buen trozo de camino de significado. Antes de pulsar el icono de acceso directo a las claves de la verdad interna hay que seguir innumerables rutas latentes cargadas de las pequeñas cosas de cada día: unas con más importancia que otras.
El escriturador hace de apuntador de la vida, la propia y la ajena, que bajo su escondite disimulado en medio del escenario, señala a los actores para ser dicentes y oyentes de sus delirios o de sus certezas, representándolas ante una numerosidad oscura abutacada en la platea del anonimato. Y después de hacer apuntador se va a otra parte con sus folios agrupados a toda prisa, mal aplastados en su carpeta, para ir a profesionalizar horas extras en cualquier otra parte donde se dé un diálogo emitido o un paisaje esbozado para reinventar en el papel lo que oye y trasladar ahí lo que piensa o imagina y así tratar de embaucar con su obra a lectores que se dejan adormecer por la hipnosis del relato.
¿Qué tiene patente de original para adquirir el crédito de ser divulgado? La vida con toda su genialidad biológica contenida, tiene bastante de rutinaria. Muchos días se parecen entre ellos. Muchas personas se plagian las unas a las otras. Muchas situaciones son un campeonato de aburrimientos. Por lo tanto el deseo de significar algo como anecdótico viene de la pauta de tallarlo como muy especial. Hacer una transcripción de todos los registros contenidos en un día existencial ya no entra dentro de las aspiraciones de este volumen. El criterio de selectividad temática es acompañado por el de la singularidad de las conductas y los fenómenos elegidos. Eso no pasa por escoger aquellas ocasiones espectaculares o tópicamente faranduleras. Observar y transcribir la observación del cambio polimorfo del pequeño patio con las parras dando sus formas y la zarzamora prometiendo una merienda, puede tener tanto valor como el suceso más impactante dando por las news a lo largo de la semana. La diferencia está en que hay millones de mecanismos telemáticos y comunicacionales dando el detalle de la noticia política o la catástrofe social, y apenas hay bits impulsados dedicados a expresar la particularidad de cada unidad privada de vida racional, si todavía vale ésta definición para referirse al ser humano. Con ello no quiero hacerme intérprete de los deseos de la humanidad en su conjunto como tampoco quiero hacerme pasar por un SH modélico en sus necesidades íntimas expresivas. Soy un sujeto coordenado más. Junto a mi figura, me sigue acompañando a todas partes un menú contextual que recuerda los comandos que me son dados para avanzar por el viaje de la vida. Algunos atenuados y otros en negrita y de estos las órdenes para ir más allá de lo que estoy siendo y saber qué vida pasa a través mío: la que convoco y la que acondiciono para que yo sea experimentador y canal.
Al final del proceso, si por final es entendible el día en que ya no cabe dar ningún paso más porqué no quedan piernas con las que andar ni cuerpo con que sentir, puede quedar el conjunto escrito: una multitud de observaciones señaladas con más o menos fortuna, que pueden quedar reservadas para el último lector pensable, puesto que dentro de los previsibles el saldo de partida puede estar dando cero. Y este ultimo lector, posiblemente alguien del patio de butacas anónimas, ubicado en la región más oscura de un público del que nunca sabes si está atento a la escena, o si está utilizando la oscuridad para sus plácemes inconfesos, o si está adormecido, se erige como continuador de una estirpe guerrera dentro de la narratología de lo personal, y es así como el universo de las horas, vuelve a tener cuerda para otra eternidad más.
