La creatividad siempre tiene un fundamento encadenado a procesos creativos previos. Cada inventor debe hacer su reconocimiento a los otros que le precedieron y que no respondieron, porque no pudieron o no supieron, al déficit que este resuelve. Intelectualmente pasa algo parecido: la elaboración le debe mucho a un proceso anterior de sucesos mentales y de teorías establecidas. En los espacios de debate concreto se suscitan ideas que no son del todo expresadas o enunciados que no son continuados. El valor de una discusión con un interlocutor es que genera deseo formativo y creativo, el primero para suplir faltas de conocimiento y el segundo para defender más sosegadamente una posición teórica o un punto de vista nuevo naciente. Con alguien que no está de acuerdo contigo pero que se esmera en imponer su discusión contraes inevitablemente una deuda por su colaboración aunque esa no haya sido su intención. A fuerza de mantenerse en sus fijaciones y no solo no reconocer sino ni siquiera (re)considerar elementos que aportes a la discusión te hace pensar en tus fallas expositivos, en la disociación en alguno de tus eslabones argumentados. Sea como fuere el interlocutor aunque no sea un prosélito a convencer ni un objeto a neutralizar, tiene el valor objetivo de recordar en que tesis no caer además de reciclar datos importantes con los que te pueda enriquecer. Es difícil que una conversación, sea la que sea y con quien sea (eso incluye a lo que consideres lo peor de lo peor de este mundo) no deje un saldo interesante para posteriores creaciones. La ventaja de hablar (es decir de participar en las transacciones verbales de ideas, datos y maneras) es que te resitúa ante las verdades, es decir los niveles comprensivos que concurren en un momento dado. Lo interesante de una conversación no es ponerse de acuerdo en todo sino permitir una resituación recíproco. Es mejor eso que los posicionamientos estén a distancia y sin ninguna clase de relación, lo cual configura la mayor parte del constelograma humano. Es difícil participar de una discusión de lo teórico o de lo concreto con otros interlocutores con posiciones completamente diferentes a las mías y no verme impulsado a una reacción creativa. Tal clase de reacción la experimento in situ en el mismo momento de ese debate o, sin llegar a tanto, de una confrontación banal. Pero también puede ser el efecto directo a la lectura de una noticia o la atención a un documento audiovisual. El otro es un parámetro extenso que incluye sus diversas manifestaciones y formas de representación: desde el hablante directo con el que se comparte una reunión verbal disertativa a cualquiera de las variantes de otro envasado cuya voz, imagen, mensajes y referencias lo recibimos por ondas, en tiempo real o diferido, o en formas enlatadas reproducibles a voluntad.

El arte expresivo y la intelectualidad como discurso creativo, le deben muchísimo al conjunto de estímulos recibidos. Su conjunto sería divisible entre aquellos que son formativos de aquellos otros que son todo lo contrario y provocan la lucha teórica para desmentirlos. Producen cuotas de inspiración distintas.la inspiración no es una potestad exclusiva de las musas. Cualqueir factor no coadyuvante sino todo lo contrario también puede generar un deseo creativo. El enfrentamiento a lo adverso posiblemente genera más creatividad que la disertividad que solo encuentra aquiescencia. En aquella situación la argumentística ha de ser impecable, en esta otra la prédica ante convencido suele traer menor auto exigencia. Si además de verte envuelto por diferencias conceptuales con los demás te ves atacado por posiciones claramente injuriosas lejos de amilanarte esa circunstancia puede incrementar un plus de creatividad o al menos esa es la experiencia que he destilado en mi mismo y que he comprobado en personas que le deben mucho a sus reveses para avanzar en evolución y sabiduría.

Cada vez que alguien con quien he tenido tratos confidenciales, llegado un momento de la relación me ha dicho algo así como: somos muy diferentes, como si hubiera encontrado el quid de la cuestión, dando a entender que no tenemos el menor futuro juntos, lejos de enfrentarme a una pérdida en el sentido literal de una persona menos con la que contar, le he debido un interesante rato de reflexión conmigo mismo en el que creo haber avanzado un poco más en la elaboración teórica de la vida. Cada vez que alguien me ha diagnosticado con una u otra etiqueta a las que no me he sentido en modo alguno vinculado, tras el inmediato enfado (la clásica reacción autodefensivo-refleja no-creativa) he tendido a reponerme con una reacción más serena elaborando los detalles y en definitiva viéndome lanzado al texto creativo.

Posiblemente todo lo que queda de muchos contrincantes que vas conociendo en la vida y que son absolutamente pasajeros en un momento dado es el texto reactivo que te permitió generar tras la experiencia de haberlos tratado. Desde luego no todas las experiencias son deseables y en particular es mejor evitar la duplicidad de aquellas muy negativas por las que se ha pasado. Una vez se tiene un conocimiento posicionado y estable ante algo o alguien es mejor poner el punto final y dedicar la energia a otros asuntos de vida o artísticos, pero raramente una experiencia es exactamente igual a otra aunque la cita sea con las mismas coordenadas y la misma persona. La relación esencial con la vida es con aquello que de substancial tiene. Cuanto mas escapes de los estándares más individuado serás. Eso te convierte en único y grande lo cual hace de la vida un proceso riquísimo en matices personales en los que no tiene el menor interés la rivalidad o la competencia para superar a otro, basta con que uno se supere a sí mismo.

Debo reconocer que en un principio llevaba muy mal ser objeto de desagrado, desinterés, rechazo, crítica, injuria o ataque por otros. En cierto momento de mi proceso intelectual advertí que eso es lo mejor que le podía pasarle a un explorador de territorios (psicológicos y geográficos) como yo. Quien pone la mano en el fuego se quema y sin duda para saber el significado subjetivo de ese fuego que quema es poniéndola. No es posible participar de las experiencias sin implicarse a fondo y recibir una cierta damnificación por ello. Pensar que se puede ir por la vida a gusto de todos y no tropezar con nada ni nadie es fruto de una visión además de idealista poco practicable. Lejos de esto se producen confusiones y antagonismos. La condición de protagonista implicado en la vida lleva a la de antagonista también. Ni se cae bien en todas partes ni uno siempre consigue ser quien es realmente en todos los contextos. Sea por una mala autor representación de sí mismo o por una mala interpretación de los demás se enfrenta a dislocaciones o desconsideraciones y –en el peor de los casos- a falsedades y traiciones. La opción común para todo es su reelaboración, lo único que puede dotar de una dimensión comprensiva y una neutralización de los efectos emocionales dañinos. En resumen cada vez que encuentro una posición que dictamina de mi lo que no soy o que juzga de la vida lo que no es, lejos de hundirme me veo reaccionando con un plus de valor que no tenía antes acompañado por un plus de mi imaginario que contrae una deuda impagable con mi enemigo.

Nunca es tan grave la adversidad externa como las dificultades de sujeto para darle una autoridad que no tienen. En el campo de la oncología Haney, (1977) arguyó que la predisposición de la personalidad podía no estar directamente como factor determinante cancerígeno pero contribuiría como insultante somático. Si al ataque verbal o energético del tipo que sea de alguien se añade la auto desmovilización intelectual ante el mismo es posible que nos encontremos por resultado final un sujeto anulado. La alternativa es la lucha contra la incomprensión, es decir contra los agentes de ella. Eso tiene varios efectos: uno: incremento de la propia creatividad personal; dos, autoafirmación en una posición conceptual y en una ubicación física dentro del mundo y tres, neutralizar al ignorante cuyo mayor valor contributivo en el proceso ha sido atreverse manifestar su ignorancia.