El poder de sanación
Desde tiempos remotos el miembro tribal con poderes curativos tuvo un puesto destacado en el grupo social. En la actualidad, la medicina tecnológica y alopática, con todos sus poderosos medios, no ha eliminado la demanda de las sanaciones especiales. Hay países como México y en general en Centroamérica donde el sanador continúa teniendo un prestigio social y otros, en Europa, donde siguen teniendo una presencia relativa aunque socialmente no tengan tanta, o ninguna, reputación. Empíricamente parece demostrado el poder de algunas personas para sanar -con técnicas y maneras en realidad simples- consiguiendo resultados espectaculares sin que ellas mismas sepan cómo los consiguen. Se ven como canalizadoras de energía o como mensajeros según los códigos de creencias de cada cual. La sanación tiene que ver más con lo espiritual que con la metodología concreta: imposición de manos, visualizaciones, cánticos e invocaciones,...La figura del o de la sanadora tratar de sacar el mal de dentro de un cuerpo como si de un demonio intruso se tratara. Una vez conseguido los órganos afectados o los tejidos dañados se restablecen sorprendentemente. Por a-racional que sea el recurso a la sanación no puede ser descartada a priori. En todo caso es absurdo comentarlo ya que a una instancia de sanación suele acudirse cuando otros protocolos oficiales y reconocidos fracasan en una cura que no acaba de conseguirse. Por otro lado la persona con facultades para sanar puede hacer tentativas de recuperación en situaciones patológicamente muy avanzadas pero tampoco puede garantizarlas. Otro asunto es que el campo de sanación atraiga arribistas con unas mínimas dotes de persuasión que confundan una cierta intuición con un poder real de intervención correctiva del desequilibrio en un cuerpo ajeno. Como siempre habrá que distinguir entre sanadores con poder real y aquellos otros que creen tenerlo pero que no les acaba de funcionar del todo. También distinguiremos entre la sanación altruista y las crematísticas, algo que parece chocar con ese don extraordinario y extrasensorial para la curación.
