SABER TEÓRICO Y SABER PRÁCTICO.

Un continuo proceso de saber teórico no tiene porque corresponderse con un aumento de competencias y habilidades en funciones prácticas. Esa descorrelación es cambiable manteniendo intereses en ambas dimensiones. Pero la una no comporta directamente la otra. Atribuir una relatividad al saber teórico no significa una defensa del iletrismo sino una re-intención de las letras. El iletrismo no es textualmente la falta de letración, sino aquellas situaciones que partiendo de una posesión de conocimientos mínimos recibidos de una escuela inadaptada, no pueden ser puestos en la práctica social como conocimiento de lo escrito (Cazón,1978)[1] . Iletrismo no es una incapacidad para leer y escribir sino la incapacidad para utilizar convenientemente tales competencias. El iletrismo es el analfabetismo funcional definido por la Unesco. Un sujeto dado, es funcionalmente analfabeto cuando queda revelada su incapacidad de ejercicio de todas las actividades para las cuales la alfabetización es precisa para el funcionamiento adecuado del grupo al que pertenece o de la comunidad con la q. interactúa y también para permitirle continuar desarrollando sus facultades cognitivas a partir de la instrumentación de la lectura, la escritura y el cálculo en beneficio de su propio desarrollo como individuo y como miembro de un colectivo.

Este criterio consensuado por la Unesco en 1978 ha sido suficientemente laxo como para admitir una extensa gama de conductas diseminadas en la interrelación de los usuarios sociales con objetos necesarios y no siempre comprensibles (en el propio universo doméstico hay varios que están siendo usados por debajo de sus prestaciones)y a la vez es un criterio un tanto obsoleto a la luz de las nuevas incorporaciones recientes (las de la década de los 90)que condicionan una manera distinta de vincularse con los instrumentos del conocimiento. Posiblemente dentro del analfabetismo funcional es incluíble ya en estos momentos todos aquellos usuarios de informática que manejan ordenadores por debajo de su potencial técnico, almacenador e informativo. se puede ir un poco más y llevar la afirmación que el analfabetismo funcional podría abanicar todas aquellas conductas profesionales o privadas, que están por debajo de sus potenciales cuando tienen en sus repertorios instrumentales, elementos que les permitirían mayores y mejores resultados con menores costes, posiblemente, de dedicación.

Esa osadía definitoria llevaría a poner a casi todo el mundo dentro de un parámetro u otro del analfabetismo referido, lo cual no es adecuado por razones de justicia obvia si atendemos a los esfuerzos intelectuales desde infinitos ámbitos, incluidos los desconectados a las postmodernidades tecno. Un posible término substitutorio es el de capacidad infrainstrumental[2] , es decir, capacidad insuficiente, habida cuenta de las oportunidades del inmediato universo de los objetos para hacer uso constructivo.

Los parámetros hasta no hace muchos fundamentales para las estadísticas comparativas de avances culturas inter-naciones acerca del alfabeto ya han dejado de ser útiles. El no alfabeto era asimilado al infradesarrollo en lo industrial y en lo belicista y el alfabeto, por su parte al refinamiento y al consumo de productos culturales adelantados. El alfabetismo era entendido como una incorporación de todo el mundo a unas comprensiones comunicativas básicas de comunidad lingüística y las personas alfabetizadas[3] como aquellas dotadas de capacidad para la lectura y la escritura con funciones de comprensión de una exposición simple y breve de los hechos en relación a la vida cotidiana.

Entre un alfabetismo y un analfabetismo, el establecimiento de la categoría intermedia de semianalfabetismo (que implica un dominio de los dos complementarios pero no el otro, accediendo a la lectura pero no reproduciendo la escritura) permite pensar un gradiente complejo. cuantas más dificultades haya en la incorporación sígnica mas confusión anexa será arrastrada. Esto no impide que la dotación intelectual de cada sujeto es el que le va a permitir hacer mayores o menores inferencias (verdaderos actos saltacionistas en el proceso de razonamiento) y pueda captar lo esencial de un texto o de un discurso sin conocer la totalidad de la terminología empleada en el mismo. Esa presunción por si misma está poniendo al descubierto las contradicciones latentes en definiciones estándar de las categorías mencionadas. Cuestionarlas como infalibles o inalterables por muy consensuadas que fueran y rescatarlas como constructos un tanto circunstanciales, convencionales y hasta arbitrarios en cierta medida, desbloquea el proceso de reflexión sobre el estado subjetivo de cada aprehendiente en relación al Saber en general, a los saberes en particular, al conocimiento esencial y su acceso a la ciencia. La multitud de segmentaciones y parcelaciones de los saberes con cuantiosas idiosincrasias disciplinares han llevado a extremar las conductas del analfabetismo funcional a los más altos niveles. Si ya prematuramente se distinguió entre inteligencia cognitiva e inteligencia manual desbancando que solo pudiera ser medible con tareas intelectuales también las facultades y competencias en unos ejercicios no tienen porque corresponderse en otros. Esa discriminación en las prestaciones individuales guarda un correlato conceptual con la idea de don o de predisposiciones, que sin tener porque avalarlas están en la mente de observadores ante fenómenos de máxima capacidad de atención y dominio especializado en A y máxima desatención en no-A. De alguna forma una especificación y especialización en lo uno queda costeada por una discriminación adversa al resto. Pero eso no impide que forme parte del entramado del conocimiento general, que sea del tipo que sea genera dinámicas culturales. “El conocimiento aunque tribal y utilitario, ensaya con imágenes lingüísticas y crea prácticas culturales” (Morrison,T.).El conocimiento es indisociable de sí mismo, integrando los dominios instrumentales que ya formalmente lo están sintetizando. el conocimiento es el poder de la palabra que en su ejecución es transformante de la realidad, es ya un poder práctico. Todo saber teórico contiene una función práctica y todo saber práctico se basa en una teoría implícita o no.

Pero esa ley se estrella con la constatación de conocimientos que se oponen al conocimiento de prácticas lesivas que atentan al respeto de otras. autores como Andrew Payne y Tom Taylor describen un público cuyo predicado esencial es la violencia. Las transacciones de saber no son siempre sobre lo mismo.Y por supuesto hay anticategorías y oposiciones a los postulados establecidos.




[1] Cazón,Maurice. reding de JP Hautecoeur 1978

[2] Unir capacidad a infrainstrumental me parece una combinación sugerente acerca de que no toda capacidad comporta un dominio de todos los instrumentos coadyuvantes de ella. Por lo tanto junto a una capacidad en un dominio puede darse, y de hecho se da constantemente, una incapacidad complementario de instrumentos vicarios de este dominio. Una vez más recurrir a la cantera ejemplificativa de la informática irruptora, da pruebas repetidas de esa infrainstrumentalización no por provisional menos real.

[3] recurriendo nuevamente a la definición de la Unesco (1958)