DE LA PEDAGOGÍA CONCEPTUAL A LA SIMBÓLICA
Trascendidas las épocas de los debates dicotomizantes, el dualismo ha ido configurando la multilateralidad de las polémicas. El universo intelectual no está convocado a que se posicione ante A o B, sino que escoja entre la multitud de caminos por una multitud de laberintos configurados por problemas teóricos y contextuales del área circunstancial en la que esté o haya elegido cada pensante.
En el campo del saber una cuestión crucial desde la mayéutica socrática, es como transmitirlo junto a su empleo como algo cambiante. Las respuestas a ese “como”, han ido abriendo propuestas pedagógicas e incrementando la literatura sobre metodología didáctica. Cada cultura ha avanzado con la suya y ni siquiera algo tan importante para el desarrollo humano como es la cultura escrita y el lenguaje simbólico, ha sido indispensable para el avance de otras culturas desde las tradiciones del saber mnemótico y orálico.
En un tiempo en que el saber del saber no puede quedar concentrado en mentes aristotélicas o enciclopedistas bípedos y en que los progresos del conocimiento pasan por los equipos multidisciplinarios y las sinopsis metateóricas, instrumentar las condiciones de su transmisibilidad es esencial para todo proyecto de futuro. Claro que un ejercicio visionario de cambio de criterio podría jugar a la especulación del que pasaría sin tal transmisión: ¿la vuelta al neolítico? ¿la involución acelerada? ¿la destrucción en masa de enseres y gentes? Y por su lado esa transmisión lo es de palabras y la polisemia léxica. Las palabras son cambiadas e idas y de hecho no hay nada tan frágil como los conceptos. No tienen consistencia, ni volumen, ni masa, no se les puede medir, ni colocar encima de la mesa ni trasvasar de un recipiente a otro y sin embargo han promovido el desarrollo, han estado detrás de las grandes mediciones, cálculos e interpretaciones, han sido el substrato de las física y de las ciencias exactas y han hecho invulnerables algunas de las gestas más significativas del género humano. Sin el concepto ¿que es todo lo demás? Sin el concepto del concepto ¿de que manera podríamos expresarnos en los recursos metaligüísticos? Y a su vez el lugar del concepto ¿no ha sido antes preparado por la imaginación? Por lo tanto por un deseo abonado de un terreno que lo ha acogido. La imaginación acaba por ser antecesora de todo lo demás. Antes de pensar en un objetivo hubo el deseo de una quimera. Antes de hacer una estrategia razonable hubo una intención voluntarista. Antes de contar con una garantía científica hubo una presunción romántica. En suma antes de una madurez intelectual hubo una infantilización de las verdades.
La dimensión imaginativa ocupa de hecho el poder de la mente antes de que la mente devenga en sí misma y advierta su rol en la construcción del ser y de su lugar en el mundo. Para ese proyecto de ser, necesita de los recursos teóricos y de las dotaciones transmitidas por antecedentes y por vetas de experiencias ajenas. Y como tal proyecto empieza con la expectancia del aprendizaje como el camino adaptativo. La búsqueda de las pedagogías y de las fuentes educativas forma parte en un determinado momento del desarrollo necesario para el crecimiento intelectual.
Las búsquedas pedagógicas empiezan a ser en sí mismas actos educandos y educativos, actos pues pedagógicos. No es una atribución exclusiva de los organismos humanos sino que es extensiva a otros organismos del universo viviente. Cada especie se protege a sí misma frente a los depredadores transmitiendo su “saber” o sus adquisiciones de conducta en cuanto las prácticas más evolucionadas para la adaptación. Somos transmisores necesariamente y aprehendientes de todo lo que tiene un interés en lo transmitido. Para empezar la capacidad del mimetismo es una condición casi nata en ese proceso. Si no hay una cierta perplejidad ante los actos ajenos y un deseo de gusto en hacerlos propios, reproduciéndolos en uno, toda la enseñanza desde la más sencilla a la más compleja no se estructuraría nunca. Pero ese es un fenómeno connatural al vivir humano. En un contexto de desescolarización no deja de darse por el hecho de que no haya titulares de la enseñanza que no lo digan, en su lugar siempre hay titulares de la palabra que lo recuerdan y lo emplazan. Por otro lado, un incremento de las instalaciones de transmisión parece no garantizar una correspondencia proporcional de un aumento fáctico de los valores transmitidos. Iván Illich(1973)[1] es contundente al respecto.
Esa posición queda contrariada directamente por la inversión de las sociedades-estado inteligentes cuyos presupuestos en cultura y educación son indicadores de su modo de estar y relacionarse en el mundo y en el concierto de naciones, preferenciando la palabra y la diplomacia al grito y el arma. Las inversiones moderadas, limitadas o anuladas en temas educativos en general son crasos errores y también lo son en aquellos temas específicos de humanidades o de ciencias marginales. Referencias evidenciadas por Llovet (1997)[2] y otros pero que no evidencian a su vez lo mecanismos de discriminación de unos saberes en aras de otros. En contrapartida los miedos por las generalidades (una equivalencia tácita de las humanidades) no dejan de expresarse cíclicamente. Hochleiter[3] sin oponerse frontalmente a ellas señala peligros, posiblemente victima de su imaginario temeroso, en su estudio unilateral.
[1] Illich.Iván. la sociedad desescolarizada. En su teoría apologista de una sociedad sin escuelas establece como una de las premisas constatadoras en contra de lo contrario, es decir de una sociedades “de progreso” con crecientes cuantificaciones de plazas escolares, cuya presencia no está significando hasta ahora una mejora de los valores humanos. Los esfuerzos para hacer un mundo mejor a partir de enseñar sus valores positivos desde la institución escolar han resultado vanos.
[2]Llovet.Jordi, “es un error de cálculo incluso en términos monetarios arrinconar a las humanidades en beneficio de saberes positivamente lucrativos”.Proponiente sin éxito de un curso interdisciplinario con universitarios y no universitarios para valorar la función de las materias de humanidades. Demostrante de como las facultades literarias se convierten en depósitos de cadáveres: los saberes se petrifican y la docencia no hace más que atraer hacía la muerte quienes están por razones biológicas llenos de expectativas y de vida.. La enseñanza de las humanidades. El país 24 agosto 97
[3] Hochleiter Díez. Presidente del Club de Roma Formas de Explicar En la enseñanza de las ciencias en secundaria. insiste en el error del potenciamiento unilateral de las Humanidades si se deja coja la parte científica y técnica. el alumno como cliente y como principal socio del proceso educativo.
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