Copia y Pega
Hoy dia cualquiera con alma de impostor puede crear un libro en un solo dia. Basta entrar en internet y copiar textos de un sitio y de otro para hacer un ensamblado que resulte compacto. La facilidad internáutica de acceso a los textos lleva a que los estudiantes en lugar de trabajar sus resúmenes y estudiar sus libros de texto o apunten preparen trabajos de curso de esta manera. Es la pesadilla de los profesores. Algunos de ellos se han encontrado con trabajos presentados sacados de sus propias webs. Lo malo del estudiante no es tanto que entresaque fragmentos considerables de lecturas internáuticas como que los plagie sin ni siquiera saber lo que está haciendo o sin tener el menor escrúpulo para hacerlo. Son dos cosas: una conciencia tirada por los suelos y una falta de inteligencia al hacerlo.
Copiar no está tan mal si sirve para repensar lo que se copia. Hay copistas de cuadros que se les ve por los grandes museos copiando a escala cuadros originarios. De esa manera aprenden su técnica o se enfrentar al color y a la forma como hicieron esos. Ninguna objeción. El copista sabe que es un copista y el pintor del lienzo original, sabe, puede saber, si no ha fallecido ya, que su obra despierta tanto interés que otros la copian para conocer su intríngulis creativo. El navegante de internet que va por la red apropiándose de textos, sin entenderlos y sin ni siquiera recordar el nombre de su autor, es una variedad moderna del vampirismo clásico. Hay que asumirlo como una nueva característica de la perversión humana y punto. Nada tan raro si se compara a innumerables actos humanos en los que la memoria de las oraciones, de los himnos o de los ritos lleva a cantar y reproducir sandeces una y otra vez sin que los reproductores verbales tomen la menor conciencia de lo que están diciendo.
El derecho y la obligación al respeto no pasa por la memez de aceptar todas las conductas, tampoco las ignorantes quedan fuera de crítica. La ignorancia del ignorante no le exonera de ser sancionado por su delito, amonestado por su error o criticado severamente por su conducta malintencionada. Sin embargo para el que plagia algo aunque no sepa la verdadera magnitud de lo que está haciendo, contribuye a su pesar, a la divulgación de ese algo. El mayor problema no es tanto que lo copie sino que lo copie mal y –al no enterarse- cambie totalmente el sentido de lo copiado. Si es lo suficientemente asno para copiar porque se auto descarta para la menor iniciativa creativa, también lo será para no darse cuenta de los errores que comete al copiar.
Antes de los recursos internáuticos ya existía un copia-pega tomando textos extensos de fuentes no citadas y adoptándolos como propios, solo que entonces era más difícil comprobar eso. Actualmente si alguien quiere preparar un trabajo sobre algo, sea para dar una conferencia documentada o para presentar un trabajo de clase, basta acudir a lo que hay digitalizado sobre ello para hacerse eco haciendo su resumen o para contribuir con nuevas incorporaciones argumentales o productos de investigación hasta ese momento no recogidos. Que alguien resuma lo que está circulando por la red lo mismo que antes lo tomara de enciclopedias volumétricas o tomara largas porciones de texto de autores no es objetable, lo es o empieza a serlo cuando lo toma confundiéndolo como algo de su propia elaboración.
Como en cualquier otra cosa en la vida, cada vez que alguien afirma “esto es mío” y para eso pone su nombre tiene que estar muy convencido para asegurarlo. Basta descubrirlo en lo contrario para no solo desmentirlo sino señalarlo como alguien que ha perdido su credibilidad. Este estigma puede acompañarlo toda su vida. De la misma manera que alguien cuando se hace acreedor de una mentira.de algo importante es difícil volverlo a aceptar como un hablante serio y corresponsivo.
Hay algo del copiar que ayuda a lo copiado. Cantar una canción de Diana Ross y The Supremes es un honor para sus canciones y sus cantantes originales. Pero en este mundo, como en el pictórico, los campos quedan perfectamente separados. Se identifica quien inventa y también quien reproduce, quien es el primero y quienes los segundos. En el campo intelectual es distinto. El que copia puede colocar antes y en mejor posición un texto creado por otro que lo va dejando en un depósito digital sin demasiados visitantes.
No se pueden dictar las conductas a golpe de pitazo ético: la gente hace lo que hace generalmente para complacer la inmediatez de sus sentidos o para dar respuesta urgente a algo sin medir las consecuencias.
Personalmente no me siento cómodo tomando prestados largos fragmentos de otros autores. Prefiero quintaesenciarlos con una o dos frases destacadas y con mucho potencial representativo de lo que dicen o piensan y reinterpretar el resto con mi lectura refiriéndolo adecuada y honestamente. Siempre me sorprendió de compañeros de clase o de colegas profesionales que debían preparar un trabajo o una ponencia sobre un tema que antes de preguntarse lo que sabían o lo que pensaban por si mismos sobre él acudían a lo que otros ya habían dicho anteriormente. Ciertamente hay que acudir al saber acumulado para tener una autoridad de conocimiento de algo, pero eso recurso no puede quitar nunca de elaborar el propio saber y esto pasa por auto interrogarse sobre lo que se conoce al respecto. He comprobado repetidas veces un cierto terror a pensar por cuenta propia para –seguramente- no ponerse en evidencia, es decir, poner en evidencia la propia ignorancia. Copiar da momentáneamente el pego. ¿Quién no ha copiado para pasar exámenes que tenia insuficientemente o nada preparados y que solo los tomaba como un requisito burocrático para pasar de curso? La cuestión no es esta, sino que lo copiado no reemplaza lo no sabido aunque pueda simularlo. Tarde o temprano tendrá que estudiarse aquello que no se domina y que es necesaria para la vida o para relación intelectiva con sus objetos temáticos. A favor del que copia por sistema se puede pensar con I.Morgado que la repetición de identificaciones produciría un espacio de memoria diferente de la memoria del espacio. El tipo habituado a copiar y a hacer sus refritos manejando con absoluto desparpajo materiales ajenos podría realmente pasar por lo que no es y -hasta- terminar por convencerse que es el único que elabora. Para ese comportamiento la diferencia entre el que copia y el que estudia es que el primero hace las cosas mas rápidamente sin demorarse el tiempo que le cuesta al segundo para los mismos resultados presentados. La diferencia sabemos, más que obvia, es que este sabe de lo que habla y el otro habla de lo que no sabe priorizando la etiqueta final a la verdad de su conocimiento es decir a su conocimiento despoblado de verdades.
